«Cuervos» (2011). John Connolly

Los cuervos parecen esperar algo siniestro… y Charlie Parker tiene un mal presentimiento cuando los ve, parados y amenazantes, junto a la ventana de la abogada con la que colabora de vez en cuando, después de conocerla en la novela anterior, Los amantes. Aimée le va a pedir que escuche a uno de sus clientes y que intente no juzgarlo. Algo sin duda complicado para Bird, porque ese hombre mató a una niña. Lo hizo cuando él también era un crío y, según asegura, instigado por su mejor amigo, pero el hecho es que ambos violaron y asesinaron a una adolescente negra. Dada su edad al hacerlo, y ya que fueron juzgados como adultos, algo aberrante para el juez, este decide darles la oportunidad de rehacer sus vidas al salir de prisión, y consigue que se apruebe para los dos chicos una nueva identidad. Randall Haight, que así se llama ahora el antiguo William, vive en Pastor’s Bay, una pequeña localidad de Maine, trabaja de contable y tiene una vida tranquila y anodina. Pero alguien ha empezado a enviarle fotos en las que se ve la puerta del establo donde violaron a Selina. Las cartas empiezan a llegar al mismo tiempo que desaparece Anna, la hija de una de sus vecinas, que tiene la misma edad que tenía Selina cuando la mataron; Haight teme que alguien esté intentando implicarlo, y cree que podría ser su examigo, Midas, del que nada sabe porque también tiene una nueva identidad. Y quiere que Parker encuentre a quien le está enviando las cartas anónimas. Y Parker acepta, pero no por él, sino por Anna: sabe que no parará hasta encontrarla.

Así arranca Cuervos… y, como suele suceder con las novelas de Parker, nada es tan sencillo como parece. Ni los buenos son tan buenos ni, a veces, los malos (como él, Ángel Y Louis podrían ser catalogados) son tan malos.

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Nota: 8/10.