«Los atormentados» (2007). John Connolly

En esta y la anterior novela de la saga de Charlie Parker he notado un ligero cambio: las tramas, aunque paralelas y relacionadas, son menos enrevesadas que en las primeras novelas, como si Connolly intentase darnos un respiro ante su habitual profusión de personajes. Lo que se mantiene es ese hilo conductor del pasado, que atraviesa todas las novelas, relacionándolas entre sí y relacionando a los personajes entre unas y otras. Por ejemplo, el hombre que le pidió ayuda para su hijo en una novela anterior, perseguido por deudas de juego, y cuyo caso Bird rechazó, es el suegro de Rebecca Clay y le recomienda contratar a Charlie cuando un extraño hombre comienza a acosarla. El padre de Rebecca, Daniel Clay, fue un respetado psiquiatra infantil hasta que se vio salpicado por su presunta implicación en caso de abusos infantiles: desapareció sin dejar rastro hace cinco años y su hija acaba de conseguir que se le declare muerto. Pero Merrick, que así se llama el acosador, parece estar seguro de que ella sabe dónde está. Así que Charlie empieza protegiendo a Rebecca… y termina enredado en una historia terrible en la que todos los caminos llevan a una fantasmagórica iglesia en un espeluznante campamento donde decenas de niños sufrieron hace años terribles abusos. Merrick es un asesino a sueldo, pero su interés por Daniel Clay es personal: su hija desapareció hace años, después de dibujar hombres con máscaras de pájaros. Los mismos que han dibujado muchos de los niños que trató Clay por abusos sexuales. Está claro que algo muy oscuro está ahí… y Parker tiene que encontrarlo.

Rachel y su hija Sam no han vuelto a casa, y aunque él va a verlas de vez en cuando, un muro parece haberse levantado entre ellos y no va a ser tarea fácil derribarlo. Ángel y Louis, por supuesto, están más que dispuestos a ayudarlo en esta terrible caza. Pero no son los únicos que quieren encontrar a los pederastas…

Siguiente entrega, Los hombres de la guadaña.

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Nota: 8/10.