«Los hombres de la guadaña» (2008). John Connolly

Por primera vez, Charlie Parker no nos deja acompañarlo en la historia, porque, también por primera vez, en esta historia no es el protagonista: lo son Louis y Ángel. El experimento de eliminar la voz en primera persona y dejar solo al narrador me resultó extraño, después de tantas novelas acompañando a Bird y a sus pensamientos. Pero esta es la historia en la que el pasado de Louis vuelve para golpearlo con fuerza, y Parker es, por esta vez, el amigo que acude en su rescate, un personaje más en el circo de violencia en el que se ve envuelto el asesino a sueldo (con principios, eso sí), y, por extensión, su pareja.

Lo más interesante de esta entrega de la saga es conocer más a Louis. Ya hemos ido adentrándonos en su pasado y en el de Ángel en anteriores novelas, pero en esta vamos a descubrir todo sobre el pasado del elegante asesino negro. Viviremos los terribles hecho de su infancia, cuando su madre es asesinada por su pareja y cuando decide vengarla. Quizá otro adolescente habría reaccionado impulsivamente, pero no él, y su manera de terminar con ese hombre, meditada y contundente, y, sobre todo, su capacidad de soportar el violento interrogatorio al que lo somete la Policía atraerán a un hombre que será el que trace el destino de Louis: Gabriel. A lo largo de la novela iremos desgranando la historia de Los hombres de la guadaña, el grupo de asesinos de élite creado por Gabriel, que vive uno de sus momentos más oscuros cuando durante un trabajo en el que participan Louis y otro compañero no sale como esperaban. Como siempre en las novelas de Connolly, no será la única trama, y el asesinato del hijo de Arthur Leehagen, perpetrado por Louis por orden de Gabriel, también volverá al presente.

Louis recibe la llamada de un viejo rival de Leehagen, que le pide ayuda para terminar con él tras haber asesinado a su hija, entre otras lindezas. Y Louis, con su inseparable Ángel, va en busca del viejo carcamal. No llaman a Parker: le han retirado la licencia de detective privado en la novela anterior y creen que es mejor dejarlo al margen. La pantalla de normalidad que Louis y Ángel han creado para protegerse se va a ver resquebrajada por los acontecimientos, pero gracias a ella Parker sabrá que sus amigos están en peligro y, en la última parte de la novela, aparecerá, fiel y siniestro, como siempre, para ayudarlos.

Sí, he echado mucho de menos las reflexiones de Bird, su tranquila violencia agazapada y su capacidad de meterse en líos, pero esta es una novela que, como todas las de Connolly, se lee del tirón. Pero estoy deseando recuperar a «mi» detective en Los amantes.

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Nota: 7/10.