«Elogio de la madrastra» (1988). Mario Vargas Llosa.

«Elogio de la madrastra» (1988). Mario Vargas Llosa.

Doña Lucrecia, una cuarentona exuberante, y Rigoberto, su libidinoso esposo, tienen una vida maravillosa, llena de sexo, amor y gozo. Ella es su segunda esposa y el único escollo en su felicidad podría haber sido la relación con el hijo de Rigoberto, Fonchito, pero el niño la adora de tal forma que parece que los astros se han confabulado para llenar de plenitud la vida de la pareja. Pero Fonchito, cuya apariencia es de querubín, esconde en su interior muchos secretos. Sin darse cuenta, Lucrecia va cayendo en sus redes, hasta terminar rindiéndose a sus designios, acostándose con él. La escandalosa relación servirá al niño para dinamitar el matrimonio. Por momentos, el autor intenta engañar al lector, haciéndole dudar de si en realidad Alfonsito es sólo un crío inocente o un malévolo niño con unos planes muy bien trazados. como los desasosegantes adolescentes de Una vuelta de tuerca de James. Francamente, da lo mismo: Vargas Llosa se sirve de esa trampa para colarnos una violación, porque solo así se puede definir una relación como esta. Cuando lo leí pensé que el escritor quería llevarnos a una metáfora satírica sobre el mal, pero no termino de tenerlo claro. En resumen, una novela totalmente prescindible del que fue, una vez, un excelente escritor.

Nota: 5/10.

Información sobre el autor.

8 comentarios

  1. No la he leído, pero el argumento es atrayente. El problema es que con tu reseña y los dos comentarios anteriores se desvela lo que en buena parte debe ser la intriga del libro: la perversidad del protagonista. En otra vuelta de tuerca el lector, si entra virgen, se enfrenta a la ambigüedad de los niños y la neurosis de la institutriz. Hace tiempo que no he leído a Vargas Llosa, pero sin duda es un buen narrador. Un cordial saludo.

  2. Novela que describe la delgada línea que separa la inocencia de la perversidad, frontera sinuosa a la que todos los seres humanos nos encontramos sometidos en esta vida.
    GUSTAVO FLORES QUELOPANA
    Lima, abril 2009

  3. Estoy totalmente de acuerdo en que entre la perversidad y la inocencia a veces la frontera es sutil, este niño es un Lolito en toda regla.

Deja una respuesta