“Magallanes. El hombre y su gesta” (1938). Stefan Zweig.

Cristóbal Colón murió sin saber que había descubierto América: hasta el final de sus días creyó que había llegado a las Indias, pues ese era su objetivo: demostrar que se podía llegar también navegando hacia el oeste. 25 años después de su llegada al nuevo continente, nadie ha podido demostrar que sea posible, pero un marinero portugués está convencido de que un estrecho comunica los océanos en esa América inhóspita, y está empeñado en probarlo.

Este maravilloso ensayo de Zweig sobre la gesta del portugués Magallanes en su empeño de descubrir ese paso es una apasionante novela de aventuras, perfectamente documentada, que lleva al lector a ese viaje y lo zambulle en la vida de esa generación de aventureros; de hombres sin miedo que se lanzaban a lo desconocido sin dudarlo, en aras de la gloria… y de la riqueza.

Magallanes, despreciado por Portugal, encontrará en el rey español Carlos I el apoyo que necesita para iniciar su gesta. Es esta una historia triste, porque pese a ser seguramente uno de los pocos conquistadores que no creía necesaria la violencia para anexionarse nuevos territorios, Magallanes murió en una absurda escaramuza pocas semanas después de conseguir llegar a las verdaderas Indias desde el puerto de Sevilla. Será Juan Sebastián Elcano quien vuelva a Sevilla y quien se lleve la gloria, pese a su nefasto comportamiento durante la aventura, amotinándose contra Magallanes con otro grupo de españoles.

La pasión que siente Zweig por esta gesta se transmite en toda la narración: es imposible no dejarse arrastrar por ella, y vivir con la misma tensión que Magallanes y sus hombres ese terrible viaje, lleno de motines, desesperación, hambre e incertidumbre… hasta encontrar el estrecho ya siempre llamado de Magallanes y conseguir completar la primera vuelta al mundo de la historia.

Es triste también que tamaña gesta fuese, en realidad, inútil: el estrecho de Magallanes nunca fue ese paso a las Indias que soñara el portugués: aparte del pirata Drake, que lo usó para sus incursiones corsarias, nunca fue el nexo entre los dos mundos que él imaginara. El estrecho de Panamá, mucho más fácil de navegar y más accesible, lo hizo caer en el olvido. Pero para la historia queda ese empeño del portugués, esa fe ciega en que ese paso existía que le empujó a liderar una de las travesías más espectaculares de la historia.

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Nota: 9/10.

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