A pesar de la sospecha de que Gordon Lish, su editor, metió más mano de la necesaria a los relatos de De qué hablamos cuando hablamos de amor, no cabe duda de que nos hallamos ante una obra maestra de uno de los mejores escritores de narraciones cortas de la historia. Brutal es la palabra que mejor define la atmósfera que Carver insufla a estos relatos despiadados. No hay seres humanos, sentimientos. Sólo hay maldad, dolor, vacío, superficialidad. Pero, en algunos instantes, parece que el autor se arrepiente de su propia dureza; es una sensación fugaz. Los relatos de este volumen los escribió alguien sin demasiada fe en la especie humana, con quien me identifico. Hay narraciones terribles, como la de la pareja que lucha por su bebé, con ese final desgarrado que escribe Carver con tanta simpleza que estalla en los ojos del lector. O el que da título a la obra, tremendo. Hay hombres normales que asesinan a adolescentes porque sí. Parejas que se destrozan. Y todo con una narración tan escueta, tan somera, que el propio lector se sorprende a veces de hasta dónde le lleva su imaginación. Carver era un maestro en el llamado realismo sucio. Luego le imitarían hasta la saciedad, pero nadie lo hará como él, tan descarnado.



Uno de mis autores favoritos. Me gustó mucho cuando lo leí, aunque fue hace ya tiempo y no lo recuerdo bien del todo. Una escritura precisa y descriptiva y unas historias muy interesantes. Creo que tendré que releerlo.
a mí de carver me fascina que apenas da detalles, o sea, nos obliga a que seamos nosotros los que llenemos los huecos, a veces te asusta lo que se te ocurrre, buf… es buenísimo. yo es que soy una auténtica fan de las narraciones cortas!
Raymond Carver siempre vale la pena leerlo y releerlo. Es uno de mis favoritos. Y este libro no se queda atrás.