“El día antes de la revolución” (1974). Ursula K. Le Guin

Laia Odo es vieja. Está enferma, se siente débil y, sobre todo, se siente perdida. Es curioso, porque donde se siente perdida es en el universo que ella diseñó en su juventud, cuando era una joven valiente, brillante, llena de esperanza. Era tan fuerte que cimentó las bases de un nuevo mundo, regido por el odonianismo, un movimiento revolucionario anarquista que está derribando fronteras por todo el planeta.

Laia vive en una casa odoniana con muchos jóvenes que se han unido a su causa y que la veneran por ser la creadora de ese nuevo mundo. Son entusiastas, están llenos de esperanza… como lo estuvo ella. Pero lo maravilloso de este corto cuento es precisamente cómo nos muestra a esa anciana que se aferra al pasado y a su gran amor, Taviri. Porque la heroína de ese mundo nuevo no es más que una mujer, con todas sus luces y todas sus sombras. Ha derribado gobiernos, pero se sorprende sintiendo pudor porque un joven y atractivo odoniano la vea babándose. La vejez la ha golpeado con ganas, arrebatándole el futuro de repente. Y es esta la belleza terrible de este relato: la capacidad de la autora para hacernos entrar en Laia, en su rendición. Ha dejado de ser un mito para ser, simplemente, una mujer. Vieja. Y aunque ha cambiado tantas cosas, no puede cambiar esta realidad, inexorable y brutal.

La ambigüedad de la narración, oscilando entre la aplastante euforia del avance del odonianismo y la devastadora tristeza de un humano en sus últimos días, es maravillosa. Llega un momento en que el lector se siente tentado de creer que quizá el anarquismo (con el que la autora de este relato y también yo simpatizamos mucho, por ser la teoría política más idealista), no baste para cambiar las cosas, porque nada, desgraciadamente, puede cambiar la naturaleza humana.

Nota: 9/10.

Más información sobre la autora: Wikipedia.

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