“Harry Potter y la piedra filosofal” (1997). J. K. Rowling.

La leyenda es de sobra conocida: en la ruina, con una hija, viviendo de los subsidios del estado y profundamente deprimida, J. K. Rowling empezó a escribir la saga de Harry Potter en una cafetería de Edimburgo en 1995. Tras enviarla a muchas editoriales sin éxito, el editor Barry Cunningham, de la pequeña editorial Bloomsbury, decide publicarla tras leer su hija de ocho años el primer capítulo y pedir inmediatamente el segundo. A partir de ahí, la vida de Rowling cambiará para siempre.

La primera novela de la historia del universalmente famoso mago Harry Potter arranca con la muerte de sus padres en mágicas circunstancias, lo que le lleva a ser entregado siendo solo un bebé a sus desagradables tíos maternos, que tienen un hijo algo mayor que él y tan insufrible como sus padres. Esta especie de Oliver Twist moderno sufre todo tipo de visicitudes, desprecios y humillaciones en esa casa, y aunque a su alrededor suelen suceder extraños fenómenos, no sospecha ni remotamente que en realidad no es un niño del montón, sino el hijo de dos de los más poderosos magos de la Tierra. Cuando cumple 11 años recibe, no sin muchas complicaciones, una carta en la que es invitado a iniciar el siguiente curso en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería… y su vida cambiará para siempre.

Ágil y divertida, esta novela nos arrastra tras las aventuras de Harry, que es un héroe tradicional disfrazado de mago flacucho. En esta primera entrega llega a Hogwarts, se convierte en un gran buscador en el quidditch, una especie de fútbol para magos subidos a escobas voladoras, descubre el poderoso valor de la amistad y el profundo poder del mar, encarnado en el mago descarriado Voldemort.

Aunque es una novela dirigida a pequeños lectores, me ha encantado. Me lo he pasado como una enana leyéndola, y, por supuesto, ya he empezado la segunda parte, Harry Potter y la cámara secreta.

Información sobre la autora.

Scroll to top