“La lengua de los secretos” (2015). Martín Abrisketa.

De manera maravillosa, Martín Abrisketa nos lleva a un viaje por la memoria de su padre, Martinxo, que vive en Arrigoriaga, muy cerca de Bilbao, en un entorno rural donde se siente y es libre. El estallido de la Guerra Civil va a cambiar eso para siempre. A través de los recuerdos de su padre, el narrador nos cuenta la historia de una etapa muy oscura de España, en la que no hay inocentes o culpables, solo seres humanos malvados y seres humanos capaces de seguir siendo humanos.

A través de los ojos de Martinxo conocemos a su padre, Tasio, un ganadero que vivirá una auténtica epopeya durante la guerra; a su madre, que enferma gravemente dejando sin pretenderlo solos a sus hijos, que se encontrarán perdidos en un mundo que no entienden. Conocemos a sus hermanos, a ese pequeño Lucas permanentemente aterrado; a Mati, siempre aferrada a su muñeca; a esa niña que es hermana mayor y se carga sobre los hombros a sus tres hermanos. Viajamos a Tenay, en Francia, donde terminan como refugiados, y a donde vuelven, muchos años después, los supervivientes, en un viaje emocionante que Abrisketa es capaz de transmitirnos con dulzura.

Entre historia e historia de Martinxo, Martín, su hijo, el narrador, aprende a romper la barrera que lo ha ido separando de él durante años. Es como otra historia dentro de la novela: ese desencuentro sin palabras entre padre e hijo que las palabras recomponen. Es en estas partes de la novela donde el narrador es adulto, analítico y sensible: en el resto, la inocencia de la mirada del niño que fue Martinxo lo tiñe todo, creando una atmósfera por momentos mágica, por momentos desgarradora, que atrapa al lector.

Una novela realmente preciosa, magistralmente planteada para que el horror sea menos horrible con ese pequeño narrador, gamberro y entrañable, que nos enseña unas cuantas lecciones aun sin pretenderlo.


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Nota: 7/10.


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