“Morir no es lo que más duele” (2018). Inés Plana.

Inés Plana sacudió el panorama literario español en 2018 con su primera novela, Morir no es lo que más duele, un intrincado relato de género negro en el que la autora desnuda el alma de sus personajes sin concesiones. Es un best seller, sí, pero bebe de las fuentes de la novela negra más tradicional, creando una trama en la que la carga psicológica de los protagonistas es igual de importante que la investigación de los crímenes que se nos relatan.

Planas escribe con soltura, no necesita hacer trampas para mantener el interés del lector. Sus personajes no son héroes, ni seres perfectos de moralidad intachable. Julián Tresser, el guardia civil que dirige la investigación del asesinato de un aparentemente anodino profesor de Historia que inicia el relato, es un hombre con rasgos machistas, homófobos y una profunda incapacidad para relacionarse con los demás de manera normal. No es un héroe, ni mucho menos: es un investigador concienzudo, efectivo y brillante, pero un humano lleno de defectos que, sin embargo, nos gusta. Su pasado será relevante para resolver este caso, con muchas raíces en un negro pasado que comenzó con la violación de una niña en Playa Mansa, la playa fluvial del pueblo donde vivía Julián con sus padres. El puzzle que Tresser tiene en su interior va encajando poco a poco a medida que la investigación, y por tanto la novela, avanzan. Quizá aquí pondría el único pero a la trama: es tan enrevesada que el final pierde fuerza precisamente por tanta vuelta de tuerca. Pero es indudable que funciona: la novela se lee de un tirón y, al menos yo, no me esperaba el giro final.

El compañero de Tresser, Coira, es un tipo normal, de una familia normal y con una vida normal que comparte con Lola, su novia. Pero esta normalidad también va a saltar por los aires, y su incapacidad de enfrentarse a los cambios en su vida personal va a pasar factura a su primera investigación seria como guardia civil.

Sara Azcárraga es el personaje más doloroso, más frágil y, sin embargo, más fuerte de todos. Su nombre aparece escrito en un papel que el profesor asesinado llevaba en el bolsillo de sus pantalones. Ella no sabe quién es, pero la investigación pronto los conecta, implacable. Y el pasado de Sara, terrible, aunque no existe para ella ya que su mente lo ha bloqueado, es la clave de todo.

Y, por supuesto, tenemos al villano, Gastón. Un villano implacable, cruel, despreciable: como manda el género.

Planas no discrimina a sus personajes: la narradora nos adentra en la mente y los sentimientos de todos en un juego psicológico muy interesante. La escritora intenta crear un soporte para la trama que vaya más allá de tópicos del género, aunque los encontremos todos en la novela. Creo que su afán por diferenciarse de la nueva hornada de escritores españoles de novela negra, la mayoría muy planitos, salvo honrosas excepciones, la lleva a un final demasiado rebuscado, pero, pese a ello, la novela funciona y al terminarla me he quedado con ganas de más: quiero saber qué va a pasar con Tresser a partir de ahora.

Nota: 6/10.

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