“2010: Odisea dos (Odisea espacial 2)” (1982). Arthur C. Clarke

Catorce años después de publicar 2001, una odisea espacial, un hito de la novela y el cine de ciencia ficción, Arthur C. Clarke escribió la segunda parte de la trilogía, y en esta ocasión no de manera simultánea con el guion de la película, que se hizo después. Es por tanto lógico suponer que en esta ocasión se sintió totalmente libre para dar rienda suelta a su imaginación, aunque tuvo que modificar algunas cosas respecto a la primera novela a causa de la película de Kubrick, continuando la historia en Júpiter, y no en Saturno.

No había leído la segunda parte de 2001, pese a haber leído la primera novela varias veces. Quizá tenía miedo a sentirme decepcionada, pero lo cierto es que no ha sido así. Creo que Clarke acertó al alejarse de la narración épica, casi legendaria, de la primera historia, apostando por una trama mucho más sustentada en información científica, detallada y verosímil para el lector, dejando casi exclusivamente para las apariciones de Bowman la parte mística que mantiene el nexo con la primera parte de la trilogía. El misterio sigue ahí, todavía más rotundo, pero la parte lógica de la humanidad protagoniza la novela, intentando encontrar explicación a todos los misterios. Y, como lectora, acompañar al narrador en estos análisis, mientras sigue a Bowman sin entender exactamente en qué se ha convertido, ha resultado apasionante.

La historia de esta segunda novela continúa nueve años después de que la misión de la Discovery fracasase, con un ordenador, Hal 9000, rebelándose, y un humano, David Bowman, desapareciendo en el inmenso monolito gritando “¡Dios mío, está lleno de estrellas!”

Con el deseo de resolver todas las incógnitas que dejaron en Júpiter a bordo de la Discovery, un equipo de rusos y norteamericanos, entre los que está un viejo conocido: el doctor Heywood Floyd, viaja a bordo de la nave soviética Leonov para investigar el monolito y averiguar por qué falló Hal. Cuando emprenden el viaje van a llevarse una sorpresa: la supuesta estación espacial china, Tsien, que se está construyendo en órbita, resulta ser una nave espacial que inicia el viaje a Júpiter a toda velocidad, adelantando a la Leonov. El equipo internacional sospecha que quieren llegar los primeros a Europa, para posarse y recargar combustible, ya que el satélite posee grandes reservas de agua (el material utilizado en ese futuro para nosotros ya pasado como combustible). Efectivamente, los chinos aterrizan en Europa, pero un extraño ser destroza la nave, ante la mirada atónita de uno de los astronautas, que lanza un mensaje a la Leonov narrándoles lo sucedido antes de morir. El ser alienígena se ve atraído por la luz de la nave china y termina aplastándola, aunque el astronauta está seguro de que las intenciones de ese ser nunca fueron agresivas.

Con esta historia en la mente de todos, la Leonov llega a Júpiter y consigue acceder a la Discovery, donde el extraño doctor Chandra, el creador de HAL 9000, tiene la misión de resucitar al ordenador y averiguar por qué se comportó de la extraña manera en que lo hizo.

Mientras, lo que antes fue Bowman y ahora es un ser incorpóreo lleno de conocimientos y recuerdos de otros seres, conserva sin embargo una parte del humano que fue y asistimos a su viaje a la Tierra, donde visita a su madre, a una antigua novia y analiza a la humanidad con ese desapego que le otorga su nueva entidad. Pero también decide comunicarse con Floyd y advertirle de que deben abandonar Júpiter antes de 15 días. La capitana de la nave no está de acuerdo: ni siquiera han comenzado a analizar el enorme monolito que está sobre el planeta, y aunque Chandra ha logrado resucitar a HAL, en ese plazo de tiempo será imposible que las dos naves abandonen ese enclave porque no estarán en la situación adecuada para conseguir el empuje necesario para ello.

Floyd lanza una arriesgada idea: usar la Discovery como propulsor para la Leonov… aunque todos temen que HAL vuelva a rebelarse al saber que su nave se quedará varada para siempre en Júpiter. Finalmente, Chandra apuesta por decirle la verdad y HAL completa su misión, aunque con algunas dudas. Mientras abandonan Júpiter, asisten atónitos a algo inimaginable: el monolito comienza a romperse en millones de pedazos que se replican, hasta provocar una explosión que destruye Júpiter… y crea un nuevo sol. Y, mientras ellos vuelan rumbo a la Tierra, Bowman envía un último mensaje: les ofrece ese nuevo sol, que potenciará la vida en los satélites del ya desaparecido Júpiter, pero les advierte de que nunca deberán volver a Europa.

El epílogo de la novela nos devuelve al inicio de la novela anterior, aunque en otro lugar de la galaxia y con una civilización diferente.

Más información sobre el autor en Wikipedia.

Nota: 8/10

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