Hamnet es el paradigma que explica mi testarudez en no querer saber nada de ella antes de leer una novela o ver una serie o película: necesito acercarme a ellas sin opiniones preconcebidas. En este caso ha sido totalmente imposible, por razones evidentes: la novela de O’Farrell es un fenómeno literario, así que no sé qué me hubiese parecido Hamnet si la hubiese leído en 2020 sin saber nada de ella. Ahora, seis años después, me ha parecido una novela mucho menos espectacular de lo que esperaba. Es una buena novela, sí, y está muy bien escrita, pero el runrún sobre ella es tan tremendo que me esperaba algo diferente. Esto no me impide apreciar que es una buena novela, pero no me ha parecido tan buena, francamente. La autora domina la arquitectura de las palabras, y toca un tema que nos hace empatizar con los personajes, la muerte de un niño, pero, en mi opinión, falta alma en esas palabras tan detalladamente hiladas.
Lo que mejor me ha parecido ha sido que centrela historia en Agnes, la mujer de Shakespeare (cuyo nombre no aparece en toda la novela) y su vida familiar. Es una visión, aun siendo ficción, especial de la vida del genial escritor inglés. El día a día no es monótono en el relato, porque la autora juega con dos espacios temporales y tiene un don para las descripciones, no cabe duda.
El eje de la obra es la muerte de Hamnet, uno de los hijos de la pareja, y la supuesta relación de esa muerte con Hamlet. No hay nada probado sobre esta relación, pero sí se sabe que los dos nombres eran el mismo y se usaban indistintamente, y que Shakespeare dejó de escribir un tiempo tras la muerte de su pequeño. El final de la novela, de hecho, es muy poético, ya que su padre crea un personaje que vive para borrar esa terrible muerte.
Hamnet es un canto al dolor que causa la muerte de un hijo, y sus estrofas son delicadas e íntimas. Conocemos a la familia en dos etapas: en 1582 y en 1595. En los primeros años espiamos tras las palabras la historia de amor de Agnes y el bardo, y en los últimos asistimos a la muerte de Hamnet, anunciada desde la primera página. La autora mezcla de manera efectiva la realidad con los misterios de la magia, en una especie de realismo mágico británico, y funciona.


