«Cumbres borrascosas» (1847). Emily Brontë.

«Cumbres borrascosas» (1847). Emily Brontë.

Cathy y Heathcliff inventaron el amor tóxico. Su pasión, convertida en trágica historia de amor por el cine, no es desde luego una historia de amor al uso, sino una terrible muestra de los estragos que el «mal» amor puede causar.

Recibida con muy poco interés en su momento, la obra de Emily Brontë se ha convertido en uno de los grandes clásicos de la literatura mundial. No sé cuántas veces he leído esta novela, y creo que jamás me casaré de hacerlo: es impresionante. Es espectacular por su modernísima estructura: hay un primer narrador, Lockwood, y una segunda narradora, la señora Dean, que se convierte en la principal al contarle la historia a él. Pero hay más narradores en algunos momentos, y eso nos permite conocer toda la trama. Así se va desgranando la historia: a capas, abriendo cajas y cajas en las que se guardan diferentes momentos que han convertido a los protagonistas en lo que son ahora. Se compara a menudo esta estructura con las matrioskas, esas muñecas rusas que se guardan una dentro de otra, y es una acertada comparación.

Lockwood alquila una casa, la Granja de los Tordos, en una alejada zona y nos cuenta su llegada a Cumbres Borrascosas para conocer al señor Heathcliff, su casero. Es un tipo hosco, malencarado y desagradable: lo recibe con poca educación pero la curiosidad puede más que el orgullo, y el inquilino se quedará un buen rato y conocerá a todos los habitantes de la casa: la bella pero áspera Cathy, el apuesto pero hosco Hareton, el mezquino criado, la huidiza ama de llaves y los inquietantes perros.

La belleza de Cathy lo atrae, pero más la curiosidad de saber cómo ha terminado viviendo ahí como viuda del fallecido hijo de Heathcliff junto a su primo, Hareton. Cuando vuelve a su hogar, consigue que Ellen Dean le cuente la historia, y, de paso, nos la cuenta a las lectoras.

El origen de todo está en una buena acción: el señor Earnshaw, anterior dueño de Cumbres Borrascosas, llegó a casa tras un viaje a Londres con un niño abandonado, Heathcliff, del que se apiadó y decidió criar como suyo. Los dos hijos de Earnshaw, Catherine y Hindley, recibieron extrañados al intruso. Ella pronto se hizo su amiga, pero Hindley lo detestaba y lo maltrataba en cuanto encontraba ocasión. El huérfano aprendió pronto a defenderse con astucia, ya que era muy inteligente. Años después, al morir los padres, Hindley se casa y tiene un hijo, Hareton, con su esposa, Frances. Ella quiere llevar por el buen camino a su cuñada, así que prohíbe a Heathcliff todo contacto con Catherine. Pero los dos adolescentes se aman, con un amor violento, enfurecido, imparable. La casualidad empuja a Catherine hacia la Granja: en una travesura con su compañero es mordida por un perro y los Linton la recogen y la cuidan en su casa, echando a Heathcliff con cajas destempladas. Esta estancia va a cambiar a Cathy, que, aunque sigue amando a su compañero, vuelve convertida en una mujer «como debe ser», dejando atrás su apariencia (que no su interior) salvaje. La influencia de Isabella, la hija de los Linton, ha sido clave, pero también Edgar, su hermano, que comienza a cortejar a la bella vecina.

Mientras habla con la señora Dean en la cocina, Heathcliff espía, pero solo oye una parte de la conversación y se pierde la confesión de que ella lo ama desesperadamente, aunque Cathy cree que debe casarse con Edgar por su estatus social. Enfurecido, Heathcliff huye de su casa, y no volverá hasta tres años después. En ese tiempo, su amada se ha casado con Edgar, aunque no es feliz. Su regreso desatará en ella sentimientos terribles, porque, insisto, el amor entre estos dos seres es tremendamente tóxico. El huérfano sucio y embrutecido vuelve convertido en un rico señor con un claro plan para vengarse de todos quienes le hicieron daño. Para vengarse de su hermanastro, que tan mal lo trataba, comienza a prestarle dinero para el juego (Hindley se ha convertido en un despojo humano) hasta quedarse con Cumbres Borrascosas. Para vengarse de su enemigo en el amor, comienza a cortejar a su hermana Isabella y termina casándose con ella. Pero su amor por Cathy lo envilece, y trata a su esposa como si fuese un animal. Cuando Catherine enferma gravemente, consumida por su terrible amor, y muere tras dar a luz a su hija, Heathcliff pierde toda esperanza de ser una persona mejor. Isabella, que ha huido con el hijo de ambos, muere unos meses antes de morir su hermano Edgar, y el oscuro Heathcliff maniobrará durante años para que el despojo que es su hijo Linton se case con la hija de Catherine, Cathy. Tras la muerte de su hijo, que le deja todas sus posesiones, Heathcliff se convierte en propietario de las dos mansiones. Y así lo conoce su inquilino, y con él a Cathy, convertida en una amargada (normal: vive encerrada desde hace años en aquella oscura mansión) que se ríe de los intentos de Hareton, que la ama, por educarse para merecerla.

El horror, sin embargo, no conseguirá destrozarlo todo: cuando Lockwood, tras abandonar la zona, vuelve muchos meses después, todo ha cambiado. La señora Dean ya no está en la Granja, sino en Cumbres Borrascosas, donde, tras la muerte de Heathcliff, todo ha cambiado. Cathy y Hareton se aman y son felices, y, según dicen en el pueblo, Heathcliff y Catherine Earnshaw pasean juntos por los páramos.

Tras tanto dolor, tras tanto amor terrible, Cathy y Hareton llenan de esperanza un lugar en el que se han vivido tantos horrores.

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