Tras El asesinato de Sócrates, en el que ya conocemos a su joven discípulo Platón, Chicot continúa en esta novela la saga iniciada con la familia de Perseo, aunque ahora la protagonista es su hija Altea, quien ha heredado de su padre esos ojos color plata tan llamativos. Altea está casada con Calipo, y tienen un matrimonio atípico para la época, ya que ella le dijo que solo se uniría a él si la trataba como a un igual. Calipo ha respetado el trato, y Altea tiene una libertad que pocas mujeres casadas de su época disfrutaron. Además, son fieles, y Calipo no se acuesta con esclavas como hace el resto de maridos. Sin embargo, el deseo de la pareja de tener hijos no se cumple: Altea ha abortado varias veces y la conocemos de nuevo embarazada, aunque tampoco esta vez tendrá suerte. Los lectores sabemos que estos abortos no son naturales: los provoca una esclava de Altea y Calipo, Melisa. Es esclava de la familia de Calipo desde niña, y en sus alocados sueños creyó poder casarse con su amo: odia a Altea con toda su alma y no escatimará esfuerzos para perjudicarla. Especialmente desde que Calipo compra a un joven esclavo, Céfiro, para ayudar a la anciana cocinera de la casa…
Esta es la trama digamos culebrón de la novela: en la parte histórica vamos a ver el fulgurante ascenso de Tebas de la mano del general Epaminondas, un genio militar injustamente olvidado por la historia popular, y nos reencontramos con el chungo Leónidas y su hermanastro Calícrates en Esparta. También vamos a leer muchas páginas sobre Siracusa y el tirano Dionisio. A Platón, desde luego, no le tocó una etapa histórica sencilla. Él, que quería demostrar su teoría de que el mejor gobierno sería el del rey filósofo, morirá sin poder probarla, pese a viajar tres veces a Siracusa y casi perder la vida en todas las ocasiones, engañado por el tirano y después por su hijo, al que su discípulo Dion asegura que podrá forjar como un gran rey.
Calipo, un personaje que comienza siendo decente y termina siendo detestable, es el mejor ejemplo de lo que la corrupción que tanto temía Platón puede lograr. Por suerte, aunque la historia de Altea es ficticia (parte de la de Calipo no), ella logra volver a Atenas, casarse con Céfiro y permitirnos seguir la historia de su familia en El asesinato de Aristóteles.
Aunque la vida de Platea hubiese sido muy complicada en la realidad, sí que está probado que hubo mujeres, como hace Altea en la novela, dando clase en la Academia de Platón, el primero en pedir derechos para nosotras, y que algunas se vestían de hombre, como ella, para desviar las críticas.
La novela es larga y densa, pero muy entretenida, como todas las de Chicot, aunque las partes de disertación filosófica exijan toda nuestra atención.

