La novela que Chicot dedicó a Sócrates logró ser finalista del premio Planeta llevándonos al siglo V a.C, donde somos testigos de la precaria paz entre Atenas y Esparta: estamos en el año 437 a.C.
Sócrates, uno de los hombres más sabios de su tiempo, además de filósofo es también guerrero, y en la novela lo seguimos tanto enseñando a razonar a sus alumnos como luchando. Entre los hechos históricos, Chicot introduce a una familia ficticia que será el hilo conductor de las tres novelas de esta serie: su origen está en Esparta, donde Aristón, un temible soldado espartano, desposa a Deyanira, la viuda de su hermano, a la que maltrata brutalmente. Cuando se queda embarazada y su hijo nace antes de tiempo, el temor de Aristón a que se crea que es hijo de su hermano lo lleva a sentenciar a muerte al bebé. Sin embargo, en su camino se cruzará una pareja de comerciantes atenienses que son asaltados. Creyendo que una mujer que acude en su auxilio va a ayudarlos, Eurímaco accede a ir a su casa para que su mujer, embarazada, sea atendida. Sin embargo, la anciana los engaña y Eurímaco debe huir de Esparta solo, destrozado tras el asesinato de su mujer. Pero, antes de irse, encuentra en la casa de la espartana un bebé y decide llevárselo. Y decide también decir a todo el mundo en Atenas que es su hijo. Pero los ojos color plata del bebé van a espantar en Atenas a Querefonte, íntimo amigo de Sócrates, quien ha acudido al Oráculo de Delfos y le ha hecho dos preguntas. A la primera, ¿es Sócrates el hombre más sabio que existe?, contesta que sí. A la segunda, ¿cómo morirá Sócrates?, el oráculo vaticina que será asesinado por el hombre de los ojos más claros. Al ver a Perseo, el hijo de Eurímaco, cree que ese bebé matará a su maestro, por lo que, aunque el filósofo le prohíbe revelar esa información, su relación con su amigo Eurímaco se enrarece.
La novela nos lleva por agilidad entre hechos históricos y ficción: Chicot no pretende darnos una lección de historia, sino entretenernos, y esto lo cumple con creces.


