Aunque la película de Kubrick opacó un poco la fama de esta novela, una de las más representativas de King, para mí El resplandor sigue siendo una de sus obras maestras. Durante muchos años, leer a Stephen King era un «placer culpable», porque un tío que sacaba casi un libro por año y todos de terror no podía ser «un grande» de la literatura. A mí siempre me fascinó Stephen King y nunca me dio vergüenza reconocerlo. Lo leo desde que soy adolescente, y aunque hay novelas mejores y peores en su vastísima lista, algunas, como esta, son obras de arte del género.
Con notables diferencias respecto a la película (spoiler: el libro es MUCHO mejor), nos hallamos ante una novela profundamente inspirada por Edgar Allan Poe (seguramente la que más de King) y su cuento La máscara de la Muerte Roja: el narrador la cita varias veces en la novela. Pero King fue más allá en esta críptica crítica del alcoholismo y de cómo marca las relaciones entre padres e hijos. También explora con maestría, a través de Wendy, la soledad que se puede sentir aun estando acompañada, y, aunque el «esplendor» del pequeño Danny, Doc, es la clave de la trama, no lo es menos ese amor casi ilimitado que siente por su madre y su padre, que define gravemente casi todo lo que va a suceder en el hotel de los horrores.
La narración es densa, apretada, asfixiante, acompañando la trama. En esta novela, King no se permite ni una broma, ni una ironía: quiere que nos sintamos atrapados, como los protagonistas en el hotel. Sentimos el dolor de Danny al darse cuenta de que todo lo que está despertando es a causa de su resplandor, y entendemos que el profundo amor que siente por su padre lo obligue a aceptar como inevitable lo que va a suceder, porque esta, en realidad, aunque a través de muchos vericuetos y laberintos, es una historia de amor entre unos padres y su hijo de cinco años.
En 2013, King escribió la segunda parte de la novela, Doctor Sueño.


