¿Qué fue del crío de El resplandor, le preguntó un fan a Stephen King. Y ese fue el germen de Doctor Sueño, la secuela de una de las novelas de terror más míticas del siglo XX. ¿Era necesaria? Bien, es debatible: El resplandor es tan redonda que quizá dejarla como estaba era lo mejor. Pero a King no le gustó la película, por lo que es entendible que deseara dar una salida a ese personaje icónico de la literatura de terror: Danny, Doc. Y, también, saber qué pasó con su madre, Wendy, y con Dick.
Doctor Sueño no es tan terrorífica como su precuela, pero, aun así, es una excelente novela. Nos encontramos a Danny, ahora ya Dan, dando tumbos por la vida y por el país, convertido en el alcohólico que siempre había jurado no ser y sacando a pasear su mal carácter cada vez que le dan pie, algo que siempre había jurado no hacer. Básicamente, se ha convertido en su padre, aunque sin familia. Su madre ha muerto y de Dick hace años que no sabe nada.
Un escabroso incidente en casa de una mujer con la que se acuesta una noche será la bofetada de realidad que Dan necesita para salir de su vida de mierda. La cara de su pequeño hijo llamándola mientras duerme lo perseguirá desde entonces, pero gracias a la culpa empezará de nuevo en un pequeño pueblo de New Haven, donde Billy, que conduce un curioso tren de juguete para niños y turistas, le dará una oportunidad.
Y es allí donde Abra se comunicará con él por primera vez. Abra, que es un bebé todavía pero cuyo resplandor es tan fuerte, o quizá más, que el que Dan tenía de niño. Y la relación entre Dan y Abra es el eje de esta novela, mucho más dulce que su antecesora, mucho más llena de amor, aun entre los terribles malos y malas, y mucho más llena de esperanza. La lucha de Dan y Abra contra unos terribles seres, el Nudo Verdadero, es emocionante y terrorífica, incluida la batalla final, cómo no, sobre los restos del Overlock. Y hasta aquí puedo leer…


