Sin duda una de mis novelas favoritas de Stephen King, Cementerio de animales es una obra maestra del género de terror. La premisa de poder hacer volver a quienes se han muerto de la que parte la novela es, en realidad, el resumen de nuestro mayor anhelo como humanos: no ver morir a nadie que amemos.
La novela nos lleva a un pequeño pueblo de Maine (cómo no), donde Louis Creed y Rachel se instalan con sus dos hijos, Ellie y Gage. El lugar es idílico salvo por una cosa: la carretera que lo atraviesa y por la que circulan a toda velocidad muchos camiones y coches cada día. Es una trampa mortal para las mascotas del pueblo, y cuando el gato de Ellie sufre ese terrible destino, Jud, un vecino con el que la familia ha entablado amistad, le recomienda enterrarlo en el Cementerio de Animales del pueblo, y Louis lo hace. Cuál no será su sorpresa al ver, unos días después, que el gato ha vuelto, aunque torpe y malhumorado. Jud le explica que esas tierras eran de los verdaderos dueños de esas tierras, los amerindios, y que hay cosas que escapan a su entendimiento. Y le previene de que nunca entierre a ningún humano.
Pero… bueno, ¡mejor leed la novela para descubrir qué pasa!


