«Crematorio» (2007). Rafael Chirbes.

«Crematorio» (2007). Rafael Chirbes.

Esta es una novela dura, despiadada, inclemente. Escrita con frases a trompicones, porque cada capítulo son los pensamientos de uno de los personajes, que salen a borbotones, sin filtros, sin estructura.

El eje de todos esos pensamientos es la muerte de Matías Bertomeu, pero las reflexiones de su familia y sus amigos van más allá, porque su fallecimiento les da pie a mirar hacia atrás y volver al presente para analizarlo de manera despiadada. Matías, el ideólogo, el hombre que quería cambiar el mundo; también quería su hermano Rubén, pero pronto abandonó ese camino para arrasar su pueblo, Misent, en el Levante español, para construir sin freno. Muerta su primera mujer, ahora está casado con una joven a la que lleva casi 50 años, y en sus monólogos vomita desprecio hacia todos, porque todos lo desprecian. Justifica sus acciones, sus arrebatos, sus exabruptos, pero es imposible no darse cuenta de su corrupción, de su falta de escrúpulos.

Silvia, su hija, restauradora de arte, casada con Juan, un catedrático, amaba a Matías, su tío, más que a su padre. Tampoco puede evitar el desprecio, los juicios, pero ella, al menos, los extiende hacia sí misma. Es quizá el diálogo interior más triste, porque no dejamos de darnos cuenta de cómo hubiese querido vivir otra vida, y no la que tiene.

Juan, su marido, está preparando la biografía de Federico Brouard, un viejo amigo de los Bertomeu, un antaño luminoso escritor convertido ahora en un alcohólico en el ocaso de sus días. Los leemos, pensando, Juan quizá más simple -tiene menos carga que la familia-, Brouard hastiado, cansado de vivir. También aparece Ramón Collado, el hombre que hizo los trabajos sucios del constructor, un despojo machista, misógino y putero que se ha enamorado de una puta que lo maneja cual títere. Una de las putas de Traian, un mafioso ruso, socio de Rubén, que no ve con buenos ojos ese interés de Collado por una de sus favoritas.

Y sí, también está Mónica, la joven y ambiciosa mujer, que está embarazada pero quiere manejar la manera de anunciarlo para ostentar el poder. Porque la muerte de Matías es el detonante de todo este retortijón de desolación, de horror.

Esta es una novela de los primeros hijos de la Transición, esos hombres y mujeres que eran jóvenes en los 60 y 70, que forjaron un país consumido de arriba a abajo por la corrupción, el machismo y la ambición, aderezados con una pujante economía que aprovecharon empresarios sin escrúpulos, como Rubén Bertomeu, para enriquecerse de manera repugnante.

Me gusta mucho esta frase que aparece en la sinopsis de Anagrama de Crematorio: «El mundo no es una novela, pero el mundo nunca resulta tan comprensible como cuando se viste de novela. Si mi hija preguntara cómo era la España en la que nació, le diría que leyera una novela, por ejemplo Crematorio, de Chirbes»  (Ricardo Menéndez Salmón, El País).

Chirbes es uno de los mejores escritores contemporáneos que ha dado esta España mía, esta España nuestra, y, como él, yo también la siento así: despiadada, rota y despreciable muchas veces. Esta es una novela dura, despiadada, inclemente, y también muy difícil de leer.

P.S. En 2011 se hizo una miniserie basada en esta novela, igual de brutal y excepcional como ella, aunque convertir en guion esta novela tuvo que ser infernal.

Nota: 8/10.

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