«La señora March» (2023). Virginia Feito.

«La señora March» (2023). Virginia Feito.

La primera novela de Virginia Feito fue un fenómeno, y, como pasa con todos los fenómenos, es un contratiempo escuchar tantas alabanzas antes de leer la obra, porque te acercas a ella con demasiadas expectativas. Por eso prefiero, siempre que es posible, saber poco o nada de la novela que voy a leer, para poder disfrutarla sin presión. En esta era donde todo se vomita en redes sociales porque si no no existe, eso es cada vez más complicado, así que la fama de Feito me llegó antes que el interés por leerla. Leí primero su segunda novela, Victorian pshyco, que me encantó, y luego decidí lanzarme, por fin, a descubrir la novela por la que, parece ser, Hollywood se rifa a la escritora, con rumores de que la propia Elisabeth Moss (El cuento de la criada), ha comprado los derechos para protagonizar la futura serie.

Bien, ¿me ha gustado esta novela? Sí, mucho. Menos que la segunda, pero me ha gustado mucho. Feito tiene maestría para la novela enrevesada, no cabe duda. De hecho, leyendo después de terminarla las reseñas en Google, lo más repetido es «menuda novela negra, ¡si no pasa nada!». Y eso es cierto, porque no es una novela negra, o no del todo. Tiene rasgos de novela negra, pero muy adaptados al estilo de la escritora, y también de novela gótica, y, en esas novelas, el terror es psicológico, y el ambiente, opresivo. La locura siempre baila alrededor de los y las protagonistas, y la lectora ve desde fuera, como privilegiada testigo, el descenso a los infiernos de ese personaje. Pero tampoco es una estructura de terror gótica tan evidente como en Victorian pshyco. Si vas a leer esta novela pensando que es como una de Patricia Highsmith, olvídate: no tiene nada que ver, y me fascina que las hayan comparado. Y en eso, creo, está lo mejor de Feito: en la frescura de su voz, en su redefinición de tantos géneros literarios para adaptarlos a ella.

Feito nos describe en esta novela a una señora March en caída libre hacia la locura. Un poco como el Ignatius de La conjura de los necios, pero sin esa capa de humor negro tan efectiva: Feito es socarrona, de eso no cabe duda, pero contempla a la señora March con cierta lástima, y nosotros tampoco podemos evitarla. Ha crecido encorsetada de complejos, sin atreverse a ser ella misma, y ahora, ya una mujer madura, casada con un escritor famoso y con un hijo al que no entiende, sus desvaríos son la fuente por la que se escapa toda su frustración. Se siente invisible, no, no invisible, sino lo contrario: observada por sus defectos, convertida, cuanto más avanza la novela, en objeto de escarnio. La escritora redondea esa indiferencia que la señora March siente que provoca escamoteándonos su nombre: no lo conocemos hasta el final. Un final que cierra esta magnífica novela como, entonces sí, todas esperamos mientras la leemos: con sangre.

Nota: 7/10.

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