Imposible no empezar esta novela y seguir leyéndola hasta terminarla, del tirón: ¡qué gran narradora es Virginia Feito! En Victorian psycho conocemos a Winifred Notty llegando a casa de una familia adinerada para trabajar de institutriz de sus dos hijos. Y después vamos a seguir conociéndola, pero la excelente prosa de Feito convierte un relato de vísceras y horror en algo sardónico. De fondo subyace la pregunta de si la maldad es genética o ambiental (se introduce la duda con brocha gorda con el personaje de Druscilla, su pupila), y la autora no nos oculta nada de lo que piensa su institutriz, porque quiere que nos adentremos con ella en esa mente retorcida y a la vez inocente, consumida por un abandono que desencadena esa Oscuridad a la que tantas veces alude en sus monólogos silenciosos.
La narrativa es grotesca, escatológica y despiadada, pero, aun así, de alguna manera, logramos adaptarnos a ella con rapidez y pronto deja de resultarnos tan desagradable como debería. Es más, hasta la disfrutamos, porque esta novela está tan bien escrita que es imposible no rendirse a su negrísimo encanto.


