Cuando leí las primeras novelas de Vila y Chamorro, allá por el final de los 90, yo era joven como Chamorro (de hecho, su personaje tiene tres años menos que yo), y me sentí enormemente identificada con ella: en aquellos años, yo lidiaba con algo parecido, un buen puesto de trabajo en el que decenas de hombres parecían empeñados en minimizarme por ser una mujer. La dureza de Chamorro al juzgar a los hombres era la mía, y su empeño en demostrar que era la mejor, también. Pero al releer todas las novelas me he dado cuenta de cuánto hemos cambiado desde aquel 1998 de la primera de esta serie de Lorenzo Silva: aunque Vila insiste en las primeras novelas en que «no es feminista», lo cierto es que la mirada de nuestro querido picoleto se va haciendo más y más morada a medida que pasan los años, hasta llegar a ser un enorme aliado en la lucha por la igualdad a través de sus personajes. Los diálogos de la última novela publicada hasta el momento no dejan lugar a dudas: Vila y Chamorro hablan de cómo se conocieron, de uno de los primeros comentarios que él le hizo (aquel «quítate las medias»), y el cambio que ha sufrido nuestro querido guardia es notable: sabe que ahora no diría algo semejante, y le pide perdón a su compañera.
En más de 20 años de vivencias, nuestros dos picoletos favoritos han tenido tiempo de llevarnos por toda España… y hasta a Afganistán (también, por supuesto, han venido a Galicia, y me encantó el certero análisis de Silva sobre nosotros: pocos son los que captan la retranca gallega, y él es uno de los bendecidos). Sus casos suelen ser cruentos, y desenredar la madeja, complicado, pero Bevilacqua y Chamorro tienen una manera de trabajar metódica, que mantiene al lector pegado al libro, aunque el autor no se corte a la hora de introducir personajes, para complicarnos la caza del sospechoso.
Pese al amor que siento por estos dos personajes, me chirrían algunas cosas en sus novelas de los primeros años. En La estrategia del agua se despacha a gusto contra la Ley de Violencia de Género, y no me resultó una lectura cómoda. Por cada mujer como su protagonista hay 1.000 hombres machacando a sus parejas o exparejas, por lo que nunca me parece justo que se centre una crítica en las denuncias falsas, porque, aunque las hay, la ley tiene mecanismos para pararlas, como claramente se constata en esta novela. Por tanto, el argumento de que las mujeres somos seres miserables que queremos joder la vida de los santos varones no se sostiene. Pero, a pesar de estas discrepancias, prefiero a los hombres como Silva que a los falsos aliados. En la evolución del personaje de Vila se ve claramente cómo ha ido madurando, y su defensa de la igualdad, aunque teñida por su visión de guardia civil socarrón y descreído, aumenta novela a novela. Eso sí, no se corta al lanzar dardos sobre las relaciones entre mujeres (me encantaría tomarme un café con usted, señor Silva, para intentar explicarle cómo eso también es educación machista, ya que desde niñas intentan hacernos competir entre nosotras: por suerte, muchas mujeres hemos dejado eso atrás, intentando desmontar ese terrible machismo inculcado) y algunos sutiles sobre las diferencias físicas en el servicio militar, por ejemplo, pero, en general, prefiero luchando a mi lado a Silva que a cualquier aliado posmoderno que, a los hechos me remito, son mucho más nocivos para el feminismo. Es un hombre justo: nos muestra el peso de la educación machista sobre los hombres y nos regala a Chamorro (y hasta a Salgado, de vez en cuando), poniendo en su voz todos esos comentarios que pensamos las mujeres irremediablemente al leer ciertos diálogos de las novelas, y su contundencia es como un bálsamo para nosotras. Además, la manera de enfrentar el cinismo de Bevilacqua en estos temas con la batalla constante que suponen para Chamorro es un auténtico regalo: Silva no opina (o lo intenta): nos pinta con brocha gorda la realidad de esta España mía, esta España nuestra.
En cuanto a las novelas que más me han gustado… quizá diría que las de la trama de Robles, el excompañero de Vila en Barcelona. La línea desde el caso que los lleva a esa ciudad, provocando el reencuentro, a lo que sucede después, y no destriparé, sirve a Silva para hacer un certero análisis de la moralidad, la corrupción y también del respeto. Del respeto por uno mismo y por los demás: quizá es lo que más me gusta de Rubén Bevilacqua, cómo intenta no juzgar nunca a las víctimas a las que debe hacer justicia. Y es más valioso aún este propósito porque el guardia juzga todo lo superficial de manera implacable; aunque el barniz de divertida ironía que imprime a sus reflexiones nos haga reír muchas veces, Vila juzga a las personas al conocerlas, a sus conocidos, a sí mismo, los parajes que visita… Pero es una mirada que no va más allá, porque la propia ética de Bevilacqua la detiene. Es, en definitiva, uno de nosotros: una persona que intenta ser mejor.
¿Te recomiendo leer esta serie? Rotundamente sí. Son novelas que, además de estar magníficamente escritas, son adictivas. Tantos años junto a esta desigual pero entrañable pareja de guardias los ha hecho parte de nuestra familia, y verlos envejecer y evolucionar es maravilloso (solo nos falta que se decidan de una vez a ser pareja de verdad, jajaja). Si no las has leído, ¡empieza! Y si las has ido leyendo cada vez que se publicaban… anímate a releerlas desde el principio: te va a sorprender ver cómo hemos cambiado.
Listado de novelas:
- El lejano país de los estanques (1998).
- El alquimista impaciente (2000).
- La niebla y la doncella (2002).
- Nadie vale más que otro (2004).
- La reina sin espejo (2005).
- La estrategia del agua (2010).
- La marca del meridiano (2012).
- Los cuerpos extraños (2014).
- Donde los escorpiones (2016).
- Tantos lobos (2017).
- Lejos del corazón (2018).
- El mal de Corcira (2020).
- La llama de Focea (2022).
- Las fuerzas contrarias (2025).


