El nordic noir está de moda desde hace años, y no es para menos: la nueva generación de autores de novela negra de los países nórdicos nos atrapa con su atmósfera única, mostrándonos un universo que es europeo, pero tan diferente al nuestro, que nos cautiva sin remedio. Y, además, la mayoría escriben fantásticamente. Este es el caso de Stina Jackson, que en La mujer de Ödesmark nos regala una novela negra impresionante, permitiéndonos profundizar en los personajes pese a la frialdad y al frío sueco, desnudándolos para nosotros de una manera no siempre habitual en este género.
La trama nos lleva a Ödesmark, que en sueco significa yermo, y pronto nos queda claro que no por casualidad. En esta pequeña localidad viven unas cuantas familias, cada una con su oscuridad y su luz, pero la que centra la historia es la de Liv Björnlund, que vive con su hijo Marcus en la vieja casa de su padre, Vidar. Vidar es rico, pero viven como pobres, y en un ambiente tóxico, asfixiante. Jackson intercala el pasado de Liv y su presente, y asistimos desgarradas a sus intentos de escapar, a su manera de utilizar el sexo como una huida, en vez de como un amarre. Su padre es un tirano, un depredador psicológico, y, aunque intentamos creer que nosotras hubiésemos escapado de él, lo cierto es que a medida que avanzamos en la lectura vamos teniendo más y más dudas: Vidar desmonta a Liv pieza a pieza, hasta hacerle creer que no tiene escapatoria. Y, de repente, se queda embarazada y ese ser que se anuda a ella romperá también sus esperanzas de salir de allí. La paternidad de su hijo sobrevuela como un halcón negrísimo la historia, y el corazón se nos encoge sin remedio, porque Liv es un ser desgraciado, roto y sin futuro.
Liam y Gabriel también viven en el pueblo: son dos hijos de la ira, que han vivido bajo la sombra de un padre maltratador y una madre rendida, que no logró evitar que su infancia fuese un infierno. Pese a ello, pese a los tumbos y trapicheos, Liam quiere cambiar, porque tiene una hija y quiere ser para ella un padre mejor que el suyo. Pero Gabriel suele conseguir lo que desea, y cuando un viejo ermitaño que vive en los bosques les cuenta que Vidar guarda una fortuna en su destartalada casa y que él sabe dónde, arrastra a su hermano a otro infierno.
Lo que sucede en esta novela, que no desvelaré, es apasionante, aunque no es demasiado complicado sospechar quién es el asesino o asesina: lo apasionante es cómo viajamos con la narradora por el interior de los personajes, todos rotos, todos tan destartalados como la casa de Vidar. Nos asfixiamos con ellos, porque Jackson logra hacernos entrar hasta el fondo de sus mentes, de su desesperación.
Me ha gustado mucho La mujer de Ödesmark. Mucho.


