Serie Departamento Q (2007-2026). Jussi Adler-Olsen.

Serie Departamento Q (2007-2026). Jussi Adler-Olsen.

Novelas de la serie:

  1. La mujer que arañaba las paredes (2007).
  2. Los chicos que cayeron en la trampa (2008).
  3. El mensaje que llegó en una botella (2009).
  4. Expediente 64 (2010).
  5. El efecto Marcus (2012).
  6. Sin límites. (2014).
  7. Selfies (2017).
  8. La víctima 2117 (2020).
  9. Cloruro de sodio (2023).
  10. Siete metros cuadrados (2025).
  11. Las almas muertas no cantan (coescrita con Line Holm y Stine Bolther), (2026).

Llegué a esta saga de novela detectivesca gracias a una serie de televisión, Dept. Q, cuya primera temporada se estrenó en 2025. La serie me gustó, así que decidí leer la primera novela… y así cayeron una tras otra. Igual que las novelas de Cormoran Strike, la idea de los creadores de esta serie es adaptar cada temporada una novela, y la primera, La mujer que arañaba a las paredes, es bastante fiel a la obra literaria, especialmente en la elección de los protagonistas. Porque lo mejor de las novelas es su antihéroe, el policía danés Carl Mørck. Es borde, está amargado y no deja de lamentarse porque el tiempo se ha llevado sus mejores años, pero es imposible no quererlo. Lo conocemos en un momento realmente jodido: él y dos de sus compañeros fueron atacados por un asesino, que mata a uno de ellos, deja paralítico al otro y él, nuestro antihéroe, se salva con un disparo del que se recupera físicamente, pero no mentalmente. Carl sabe que fue un cobarde, aunque no se lo haya confesado a nadie: todos creen que estaba inconsciente tras el disparo, pero no, no lo estaba. El miedo lo paralizó y, aunque es consciente de que no podría haber hecho nada, se siente sucio y vil por haberse quedado allí, bajo el cuerpo de su compañero, sin hacer nada. Tras unos meses de baja vuelve al trabajo, donde nadie lo aguantaba ya antes, y ahora, totalmente amargado, mucho menos.

Su jefe, Marcus, recibe una partida de mucho dinero para crear un departamento especial que investigue casos sin cerrar y se le ocurre la brillante idea de dárselo a Carl, pero quedándose la mayor parte del presupuesto para reforzar los demás departamentos. Carl se encuentra liderando el Departamento Q en un sótano de la comisaría… solo. Pronto descubre lo de los millones de presupuesto y presiona a su jefe para que le vaya dando algunas migajas: un coche y un ayudante. El ayudante, Akram Salim, es un refugiado sirio con muchas ganas de aprender y una certera intuición para el trabajo policíaco. A la estrafalaria pareja la conocemos a través de los pensamientos de Carl, que es cáustico a más no poder, y esa dinámica entre ellos es enormemente divertida.

En esta primera entrega van a escoger un viejo caso para desempolvar, el de Merete Lynggaard, una política muy exitosa desaparecida sin dejar rastro en 2002. Viajaba en un transbordador con su hermano, que tiene una lesión cerebral y al que ella cuidaba, y nunca más se supo nada de ella. Pero, mientras Carl investiga, el narrador nos va describiendo el terrible encierro de Merete, sin que ella sepa qué ha hecho para ser secuestrada y tratada como una basura. Iremos descubriéndolo con Carl: todo se remonta al accidente de coche que dejó disminuido al hermano de la mujer… y que se saldó con dos muertos en el coche contra el que chocaron. Merete y su hermano estaban revoltosos y distrajeron a su padre, que perdió el control del coche en la helada carretera. El niño del otro coche culpa a Merete de su pérdida y, junto a su tarada madre, idea un plan para vengarse de ella. Afortunadamente, Akram y Carl van a poner la vista sobre su desaparición.

La segunda novela, Los chicos que cayeron en la trampa, me gustó incluso más que la primera (supongo que porque, al haber visto la serie, el efecto sorpresa no existía). Esta se centra en un caso de los 90, en el que aparecen muertos dos hermanos adolescentes, brutalmente asesinados. Las sospechas recaen en una pandilla de niños ricos que tienen una casa en la zona, pero no hallan pruebas y el caso se cierra. De repente, el archivo del caso aparece en la mesa de Carl y la curiosidad le puede: demasiadas cosas sin investigar, demasiadas preguntas sin respuesta. Así que él y Akram se enzarzan en la investigación junto a su nueva compañera, Rose, una chica peculiar que les endosan desde las alturas y que, como irán descubriendo, es todo un personaje. O, más bien, varios.

La trama les lleva a descubrir los terribles secretos de esa pandilla de niños ricos, cuatro chicos y una chica, que se dedicaron a apalear y a matar a quien les apeteció. Dejaban vivir a los que podían sobornar y mataban al resto. Y es esa chica la clave, porque ahora vive como una mendiga, odiándolos a todos porque la violaron, dejándola embarazada. Tras perder a su bebé tras la paliza de uno del grupo en el hospital, se da cuenta de todas las barrabasadas que ha hecho y decide purgarlas cargándose a todos sus examigos. Brutal.

El mensaje que llegó en una botella comienza con dos hermanos secuestrados en una caseta de pescadores: uno de ellos encuentra una botella y decide escribir con su sangre un mensaje para lanzarlo al mar. En paralelo conocemos a Mia, una mujer que vive con su hijo pequeño y que se pregunta qué hace su marido en las largas temporadas en que desaparece. Cotilleando, descubre que tiene una hermana, Eva, y que ella no sabe nada de su pasado. Sabe que tiene un trabajo misterioso con el que gana mucho dinero, pero algo dentro de ella le dice que su marido es peligroso. Sí, lo es: criando con violencia extrema en una familia ultrareligiosa, está como una cabra tras tanto abuso y su trabajo consiste en secuestrar a los dos hermanos favoritos de familias de sectas religiosas, pedir un rescate y luego matar a uno de ellos, devolviendo al otro con la amenaza de que, si cuentan lo que ha pasado, matará a más hijos. Así lleva décadas, pero no contaba con que Carl, Akram y Rose, que de repente se va y les envía a su hermana Ystra (que, como veremos, es ella misma) iban a recibir ese viejo mensaje en la botella… En esta novela veremos también cómo Carl, que vive con un inquilino y el hijo de su exmujer, se lleva a casa a su compañero paralítico a causa de su sentimiento de culpabilidad. Y lo veremos iniciar una relación con Mona, una psiquiatra de la policía, aunque es una relación rarita.

Expediente 64 es, como todas las demás, entretenidísima, y con giro final en la historia, además. Aquí el narrador nos va contando la historia de Nete Hermansen, una chica con una vida terrible: su entorno familiar es horroroso, pero además es casi analfabeta y su primer abuso llega de manos de su primo mayor, que la manipula para acostarse con ella. Cuando se queda embarazada, le quitan el niño a patadas unos chicos. Volverá a quedarse embarazada, y en esta ocasión será su familia de acogida la que la destroce, obligándola a abortar. Es así donde conoce a Ward, un médico tenebroso al que conocemos en el presente como líder de un partido político que cree en la eugenesia, entre otras barbaridades. Tras ese aborto, Nete es enviada a diferentes instituciones, hasta terminar en una isla a la que se enviaba a «retrasadas» y donde muchas eran esterilizadas contra su voluntad. Nete logró reinventarse tras tantas calamidades, pero cuando, casada con un médico, acude a un evento, Ward vuelve a joderle la vida revelando que no puede tener hijos y acusándola de ser una puta. Su marido, pese a los 11 años que llevan juntos, le dice en el coche que no puede perdonarle que le engañara haciéndole creer que serían padres, y, desesperada, Nete da un volantazo para provocar un accidente. Su marido muere y ella hereda una gran fortuna… y decide emplearla para mudarse a Mallorca tras matar a todas esas personas que destrozaron su vida. La primera fue su primo, que la dejó en la estacada tras acostarse con ella y dejarla embarazada, pero también están Viggo, el hombre que conoció en la feria y la dejó embarazada por segunda vez, Rita, su primera compañera de encierro, a la que culpa de haber terminado en la isla y de ser esterilizada, y Gitta, la supervisora que abusó sexualmente de ella y que, tras pillarla intentando escapar de la isla con Rita, motivó su esterilización. Y, por supuesto, está Ward. Traza un plan para atraerlos a su casa para matarlos uno a uno con un veneno que aprendió a usar en la isla… y vamos viendo cómo se desarrolla. Pero Carl y sus chicos han recibido un caso que, aunque no tiene que ver con las desapariciones, termina conduciéndoles a ellas, así que en esta novela resuelven dos de un tiro. Ellos van tras la pista de Ward, al que creen el autor de las desapariciones y tirarán del siniestro hilo del fanatismo, que está a punto de costarles la vida.

Nota: 6,5/10.

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