Serie «Los crímenes de Fjällbacka» (2002-2026). Camilla Läckberg.

Serie «Los crímenes de Fjällbacka» (2002-2026). Camilla Läckberg.

Ojo: ¡hay spoilers!

La famosa saga de intriga de Camilla Läckberg que protagonizan el policía Patrik Hedström y la escritora Erica Falck, de la que se hizo incluso una serie de televisión, es entretenida y la autora sabe mantener la intriga hasta el final en cada novela, escamoteando a las lectoras información clave que sus protagonistas sí tienen. No son las novelas de tu vida, pero son bastante adictivas, sobre todo porque combina la investigación de los asesinatos con la vida de pareja de Patrik y Erica, así como los dramas familiares de la hermana de la escritora, Anna, casada con un maltratador. El punto de humor lo pone el estrafalario jefe de Patrik, Bertil Mellberg, que es una especie de Ignatius Reilly, aunque evoluciona novela a novela, cayéndonos más simpático a medida que avanza la historia. Martin es el compañero más avispado de Patrik, y Gösta Flygare el más vago, aunque buen tipo. Annika Jansson, la administrativa, es el alma de la comisaría y Ernst un desgraciado que terminará siendo despedido tras liarla parda por enésima vez con sus fallos.

Se nota bastante que las primeras son novelas de los principios del 2000, una era donde se sabía mucho menos que ahora sobre la violencia machista y donde la igualdad existía básicamente sobre el papel (aun así, recuerdo sorprenderme en su momento porque Suecia no estuviese más avanzada en este campo), porque la autora es tremendamente sexista en las primeras novelas, aunque es evidente que ella cree que no, y sus personajes femeninos forman más parte del imaginario de las malvadas de cuentos de hadas que de la vida real. Por eso también el personaje de Erica se nos hace cuesta arriba en muchos momentos en las primeras novelas, aunque es encomiable que en la tercera, por ejemplo, se enfrente a la depresión postparto. A medida que avanzan las novelas, ese sexismo deja de aparecer de manera tan clara: a partir de la tercera, la de la depresión, se nota ya el cambio, pero es en la cuarta cuando empieza a ser más evidente. La charla que le da su ex, Karin, a Patrik cuando se toma su baja paternal pero recurre por todo a Erica, es refrescante. Así que, gracias, Camilla, por evolucionar, pero aún te falta muuucho trecho. Los análisis de que las niñas, por arte de magia y no por socialización, juegan a muñecas y a cuidar, son vergonzosos. Anna, la hermana de Erica, apunta en una de las últimas novelas a ello, pero de manera tibia.

Así que, ¿te recomiendo leer esta saga? Sí, porque es entretenida y se lee a toda velocidad, no es una literatura nada complicada. Pero no te esperes la profundidad de Wallander o el ingeniosísimo análisis del mal, también del de las mujeres, de Patricia Hihgsmith. Esto es novela de crímenes folletinesca, pero, repito, muy entretenida.

La primera novela, La princesa de hielo (2002) nos presenta a los personajes y su entorno. Erika es una escritora de biografías de escritoras suecas que vuelve a la casa familiar en el pequeño pueblo de Fjällbacka tras la muerte de sus padres en un accidente. Mientras intenta recomponerse, su mejor amiga de la infancia, Alex, es asesinada, y, casi sin darse cuenta, ella se ve envuelta en el caso. Así conoce a Patrik, un excompañero de instituto que siempre estuvo loquito por ella, y terminarán enamorándose mientras resuelven el truculento asesinato: Alex apareció en una bañera congelada, y aunque intentaron hacer que pareciese un suicidio, la autopsia revela que fue asesinada. Seguiremos las pesquisas de la Policía, pero Erika, muy relacionada con la familia, ayudará a resolver el caso mientras toma notas para escribir una novela sobre el crimen. También vamos a conocer a su hermana Anna, casada con Lucas, un maltratador bastante jodido, ante la desesperación de Erika, que no sabe cómo hacer ver a su hermana con quién se ha casado: la tensión llega a su máxima expresión cuando Lucas pretende vender la casa de las hermanas para poder mudarse con su mujer y sus dos hijos a Londres, donde quiere trabajar. Pero en una de sus palizas se le va la mano y hiere a Enma, su hija, y Anna lo abandona y se instala provisionalmente con Erika. Mientras, Erika no deja de descubrir secretos de Alex: su relación con un pintor borracho que nadie entiende, su embarazo de un amante secreto que su marido desconocía y una maternidad anterior que nadie parece conocer… la maraña se va liando hasta guiarnos hacia la madre del pintor, que también tendrá mucho que decir en el desenlace. Al final, descubriremos que la hermana pequeña de Alex es en realidad su hija: sus padres la obligaron a tenerla y la criaron como suya, causando un daño irreparable a Alex, que tuvo que ver toda su vida al fruto de su violación ante sus ojos. El violador, un respetable reverendo, Karl, es quien termina con su vida.

La segunda novela, Los gritos del pasado (2004), arranca con Patrik y Erika viviendo juntos en la casa de ella, que está embarazada de ocho meses. Pese a que Patrik intenta pasar en casa todo el tiempo posible, e incluso se ha cogido vacaciones, un caso de asesinato lo obliga a volver al trabajo. Un niño encuentra el cadáver de una mujer mientras juega en el monte, y bajo el cuerpo aparecen dos esqueletos de otras dos mujeres muertas hace años. Todo apunta a una familia del pueblo, los Hult, y la investigación va a sacar mierda por muchos sitios, aunque, curiosamente, los que sobreviven indemnes a tanta información volverán, de alguna manera, a unirse. Todo empezó con Ephraim, el abuelo, un predicador que hizo creer a sus dos hijos que tenían poderes curativos. En realidad todo era una farsa, pero uno de los dos hijos, desesperado al creer que ha perdido su poder al crecer, la va a liar parda secuestrando a dos mujeres a las que hiere de maneras terribles para después, en vano, tratar de curarlas. Esas dos mujeres son las que aparecen bajo el nuevo cadáver, el de una turista alemana. Cuando Ehpraim descubrió quién las había matado, en un arrebato atacó a su hijo, que se mata al caer, y decide fingir que se ha ahorcado. Hasta el presente, la viuda y los dos conflictivos hijos de ese tarado, que son pobres (el abuelo no les dejó nada en la herencia, solo una pequeña propiedad), han vivido odiando a George, su tío, porque, cuando desaparecieron las dos chicas, el declaró que había visto a su hermano en el coche con una de ellas. Al aparecer el nuevo cadáver, creen que es la prueba de que su padre era inocente. Ni mucho menos. Pero entonces, ¿quién está matando ahora? Pues el nieto del predicador, otro tarado que se empeña en encontrar el don de la curación tras hallar el viejo diario de su tío, detallando las «pruebas» que hizo a las dos pobres mujeres. Patrik las va a pasar canutas para encontrar al asesino, y esta vez no puede contar con Erika, que, embarazadísima, apenas puede moverse de casa, ya que, además de sus limitaciones físicas, una ola de calor azota el pueblo. El final de la novela es demasiado rebuscado, con vuelta de tuerca tras vuelta de tuerca, en mi opinión, pero, como todas las de la saga, es una novela para leer sin mayores expectativas que la de pasar un rato entretenido.

Las hijas del frío (2005) tampoco nos devuelve a Erica en todo su esplendor: ha sido madre, tiene una tremenda depresión postparto y vive encerrada en casa, casi sin salir. Patrik no sabe cómo ayudarla y suele meter la pata con sus comentarios. Erika se apoya bastante en una nueva amiga, Charlotte, a la que ha conocido en sus escasos paseos con su bebé, Maja. Charlotte tiene dos hijos, Sara y Albin, y vive con su posesiva madre y su padrastro junto a su marido, Niclas, que es médico, y los críos, tras haber vuelto al pueblo. La vida en la casa la asfixia, pero todo pasará a un segundo plano cuando Sara aparece ahogada y se descubre que ha sido asesinada en una bañera y que la han obligado a tragar ceniza. En paralelo, vamos a ir siguiendo la narración de una pareja de los años 20, la malcriada Agnes (otro personaje femenino tremendamente esteriotipado) y su hija Mary, que en realidad no es su hija, porque la secuestró. Agnes es mala malísima y causa un daño irreparable a su hija, que crecerá, se cambiará el nombre y se convertirá en Lilian, la madre de Charlotte y nuestra asesina. En esta novela es interesante ese juego entre los dos espacios temporales, pero la autora nos mete demasiadas tramas, como la de la pederastia del vecino de Lilian, Kaj (lo único bueno de esta trama es que echarán al cabronazo de Ernst definitivamente, al ocultar una petición de información sobre su buen colega Kaj en una trama de pederastia infantil), con el que se pelea desde hace años, o la del hijo del jefe de Patrik… Demasiado ruido para una trama que, solo con esas dos líneas temporales, hubiese sido más interesante.

En Crimen en directo (2006) la autora aprovecha una serie de crímenes para pegarle un buen y merecido repaso a los reality shows que tan de moda estaban en esa época: va a rodarse uno en una localidad cercana y ni la muerte de una de las participantes detiene la grabación. En esta novela tenemos, como siempre, varias tramas que terminan reuniéndose. La que viaja al pasado se nos narra en primera persona y el narrador es un niño, pero es fácil entender que vive encerrado con su hermana en una casa en un bosque, con una mujer que los cuida y parece quererlos, pero trastornada sin duda, pues no los deja salir de la casa ni hacer vida normal. En el presente, la novela comienza con un accidente de coche en el que muere una conocida vecina, que, aparentemente, conducía muy borracha hasta que se estrelló. Patrik cree que hay algo raro y, efectivamente, lo hay: la mujer tiene moratones en torno a la boca y restos de cinta en las muñecas, así que está claro que fue asesinada. Patrik y Erica están preparando su boda y tienen en casa a Anna y sus dos hijos: terminamos la novela anterior con Anna matando a Lucas en defensa propia, y ahora está catatónica y es su hermana quien atiende a sus hijos. Al menos hasta que a Erica se le ocurre pedirle ayuda a Dan, su ex, y él logra sacar a Anna del agujero, tanto que terminarán enamorándose. Al mismo tiempo, vamos conociendo a los personajes del programa, unos desechos morales y sociales, y también conocemos a la nueva compañera de Patrik y su equipo, Hanna, casada con un psicólogo que ha sido contratado por el programa para cuidar de la salud mental de los chavales. Todo es muy enrevesado al principio, hasta que descubren que ha habido varias muertes similares a la del aparente accidente de tráfico, en diferentes zonas de Suecia: todos los muertos tenían junto a ellos una página de un cuento infantil, Hansel y Gretel. Poco a poco van descubriendo lo que une a todas las víctimas: todos mataron a alguien conduciendo ebrios y dejaron después el alcohol, y esta pista los conducirá a los asesinos, los dos hermanos que iban en el coche con la primera víctima, aunque no eran sus hijos y nunca se supo quién eran. Pero adivinamos pronto que son Hanna y su marido el psicólogo, y que Barbie, la chica del programa asesinada, había visto al chico tras preparar el escenario de la muerte de su padre, cuando ella tenía 10 años, por lo que se la quitan de en medio por si acaso. Al final no logran detenerlos, él mata a su hermana y después se suicida: eran incapaces de enfrentarse a lo que venía, que no eran solo los asesinatos, sino también su relación incestuosa.

Las huellas imborrables (2007) es una de las mejores novelas de la saga, y no por ser la más intrigante, porque es fácil darse cuenta desde el principio que el supuesto refugiado noruego es un pronazi, pero sí es la mejor escrita hasta ahora, y la historia, sin duda, más interesante. Viajamos con Erica a descubrir el pasado de su madre, una mujer que nunca les dio cariño y que las hizo sentir siempre inseguras, especialmente a ella (Anna la tenía a ella de hermana mayor para suplir ese vacío). Esa relación con la madre está presente en todas las novelas, pero tras hallar una cruz nazi y unos diarios en el desván, Erica decide investigar a fondo el pasado de su familia. Esta trama se mezclará con el asesinato que investigan los compañeros de Patrik, que está de baja paternal aunque le cuesta mucho adaptarse y no termina de entender la desesperación de Erica. Es en esta novela cuando Karin le dará una charla muy necesaria sobre la diferencia de la carga mental entre padres y madres y lo devuelve al sendero adecuado. Mientras Erica investiga a su madre y su grupo de amigos, uno de ellos aparece asesinado, Erik, y los compañeros de Patrik -con su ayuda, claro-, a los que se ha unido una nueva policía de origen chileno, Paula, empiezan a viajar también al pasado de la Guerra Mundial, cuando Axel, el hermano de Erik, trabajó con la Resistencia ayudando a la Noruega ocupada hasta que fue capturado. Vivió un infierno hasta volver a casa, y todo cambió después: la madre de Erica, que se había enamorado de un refugiado noruego que llegó al pueblo huyendo de los nazis, es abandonada por él y, embarazada con 16 años, es obligada a dar a su hijo en adopción. Lo que ella nunca supo es que su novio no la abandonó: fue asesinado por sus amigos cuando, al volver a casa Axel tras el fin de la guerra, descubre que ese «refugiado» era en realidad uno de sus carceleros en Noruega. La furia lo inunda y, tras dar el primer paso Hans, el más chungo del grupo -hijo de un padre colaboracionista y psicópata- ayuda a rematarlo. Tras el crimen, deciden enterrarlo en la tumba de los soldados alemanes y todos deciden olvidar lo que ha pasado. Pero, décadas después, Erica lleva la medalla de su madre a casa de Erik y Axel, expertos en la Guerra Mundial, y el pasado vuelve inflexible. Tras morir Erik también morirá asesinada Britta, la mejor amiga de la madre de Erica y ahora una anciana con Alzheimer que amenaza con sacar ese oscuro pasado a la luz. Al final, todas las tramas convergen, y Erica y Anna van a conocer a su hermano (esta era fácil: Erik había estado mandándole dinero a sus padres adoptivos toda su vida) con Patrik y Anna, Anna anuncia que está embarazada y… Erika se da cuenta de que también.

La sombra de la sirena (2008) comienza con las dos hermanas embarazadísimas y Erica de gemelos, encima. Un hombre, Magnus Kjellner, ha desaparecido sin dejar rastro y su mujer, Cia, va constantemente a la comisaría a buscar respuestas, pero no hay ninguna: parece haberse desvanecido. Esta trama, aunque bastante rebuscada, también me ha parecido interesante porque analiza las secuencias que una infancia terrible puede tener en un adulto. Christian, un personaje al que hemos visto de vez en cuando, ya que trabaja en la biblioteca donde se documenta Erica, acaba de terminar su primera novela y comparte editorial con ella, que está encantada. Pero la narradora nos va mostrando un Christian alejado del hombre que conocemos en la biblioteca, un hombre atormentado por el pasado, que se siente siempre culpable, y que se ha casado con una mujer a la que no ama porque, tras una terrible tragedia, decide cerrarse al amor. Tienen dos hijos, a los que adora, y de puertas hacia fuera todo parece perfecto, pero no lo es; nada más lejos.

Christian está recibiendo cartas amenazadoras, pero no quiere ir a la Policía, así que Erica le pide a Patrik que eche un ojo a ver si encuentra huellas. Todo se complica cuando aparece el cadáver de Magnus, asesinado, y descubren que era amigo de Christian, junto a otros dos hombres del pueblo que trabajan juntos y tienen su propia mierda en su vida personal. Las tramas en tiempos pasados de todas las novelas de Camilla nos llevan esta vez a vivir la infancia de mierda de un niño, que terminará siendo obeso, y vamos desentrañando que su madre murió y convivió semanas con el cadáver, y que después fue adoptado por una pareja. Él idolatra a la madre adoptiva, que cuando se queda embarazada intentará convencer a su marido para que devuelvan al pobre crío, a lo que él se niega. Cuando nace su hermanita, enfermo de rabia y sintiéndose ignorado por su madre, intenta ahogarla en la bañera. Su padre la salvará, y decide ocultárselo a su madre para que no lo echen de casa (esto no hay quien se lo crea, evidentemente). La niña vivirá, pero sufrirá una lesión cerebral que se manifestará más adelante, y que tanto el padre como el crío saben a qué se debe. Precisamente en este cuarteto está el germen de todo: de las amenazas de Christian, del asesinato de Magnus; de la muerte, sabiendo qué hizo su marido, de la mujer de uno de ellos, moribunda a causa de un cáncer pero que, tras la visita de la sirena, tiene un infarto. Será también la causa del ataque que sufrirá después su marido, que siempre corre por el mismo tramo y no ve una cuerda que han atado para que se caiga sobre unos cristales. El cuarto implicado, que es un tío de mierda, ni siquiera tiene remordimientos por lo que hicieron, porque ni lo recuerda. Pero cuando Christian se suicida, finalmente se acuerda: violaron a la hermana de un compañero de clase, aquel niño obeso con una hermana discapacitada intelectualmente. Sí, los tres fueron al cole con ese niño y ninguno lo reconoce de adulto en ese Christian delgado, serio y agradable que se une a sus vidas. Christian es quien ha estado matando enviando las amenazas, disfrazándose como si fuese su hermana para ejecutar su venganza, aunque tiene un tipo de esquizofrenia que le permite disociar a las dos personas sin saber qué hace la otra. Demasiado rebuscado el asesino esta vez, pero la trama está bien trazada para mantenernos intrigadas.

Los vigilantes del faro (2009) es la novela más fantasmagórica de la saga. La protagonista es Gråskär, la Isla de los Espíritus, donde la tradición asegura que viven las almas de los que murieron allí. En este caso, la historia del pasado no tiene que ver con la trama de los asesinatos, sino que nos cuenta la vida de una familia que vivió en la isla a principios del siglo XX, cuyos fantasmas pululan por allí para acompañar a Annie Wester. Ella es la dueña del islote, en el que pervive el antiguo faro y la casa de los fareros, donde ella y sus padres vivían cuando era pequeña. Deseosa de vivir aventuras, se fue para caer en las garras de un amor tóxico, un traficante de drogas del que, a través de sus recuerdos, descubrimos el maltrato y la mala vida que dio a su mujer y a su hijo. Sabemos que ha muerto e intuimos rápido que fue ella quien lo mató, aunque hasta el final no descubrimos todo el horror: cuando le anuncia que va a abandonarla y quitarle a su hijo, Sam, ella le dispara sin darse cuenta de que el pequeño está en la cama con su padre. Se bloquea, coge el cadáver de su hijo y se va a Gråskär, donde durante toda la novela vemos cómo cree que su hijo está en shock pero que volverá a ser el de antes cuando se desbloquee. El asesinato que centra la trama es el de Matte, un joven que vuelve de la ciudad tras recibir una tremenda paliza, según él sin motivo, y que aparece muerto de un tiro en su casa. Matte fue el amor de infancia de Anne, y va a verla a la isla, donde pasan una noche de amor… hasta que él descubre algo y, en los recuerdos de Anne, se va, dejándola sola. Patrik descubrirá que esto no fue lo que pasó, sino que ella, al ver que él ha visto el cadáver de Sam y entender cómo está su exnovia, le dice que deben pedir ayuda. Anne lo mata en un intento desesperado de preservar su mentira: Sam vive y ella lo salvará de caer en la oscuridad. La investigación de este asesinato lleva a Patrik y sus compañeros al antiguo trabajo de Matte en la ciudad, una fundación que protege a mujeres maltratadas, y se asoman al horror de sus vidas. Camilla ha ido avanzando pasos agigantados desde aquellas primeras novelas llenas de valoraciones y personajes sexistas hasta luchar a través de sus personajes por la igualdad. En esta novela, Madeleine, una mujer maltratada por su marido, líder de una banda de moteros, se enamora de Matte y todo parece indicar, tras constatar que la paliza se la dieron ellos, que pudieron haberlo asesinado, pero no, ellos no fueron, sino Anne. Pero sí que intentar huir y salvar a sus hijos le costará caro a Madeleine. Tremendo. Por cierto, en esta novela Mellberg, el inútil jefe, mete la pata hasta el fondo: da una rueda de prensa implicando sin pruebas suficientes a Matte en una trama de drogas (en la que no estaba implicado, como sabemos) y el padre del chico se suicida, desesperado. Veremos qué pasa con este inútil y si por fin es Patrik quien dirige la comisaría (ya lo hace, pero sin cargo). Erika, por su parte, en esta novela está investigando para escribir la historia de la misteriosa isla, y es ella quien descubre la verdad sobre Anne y Sam, aunque casi le cuesta caro. En su vida personal, en esta novela tiene que ayudar a Dan a sacar a su hermana del pozo tras la muerte de su bebé, con la que arrancamos la historia: el choque final de la novela anterior fue contra ellas. Erika salió ilesa, pero su hermana sufrió graves heridas y perdió al bebé. Veremos cómo consigue pasar página… También tenemos otra trama con el político inútil que llevó el reality show al pueblo, que esta vez se deja engañar por dos hermanos para rehabilitar el viejo balneario y devolverle la vida… sin saber que, tras terminar la obra, la chica, que finge amarlo, se va a pirar con todo el dinero. Su hermano se ha enamorado y decide quedarse y asumir las consencuencias. Supongo que volveremos a oír de ellos, porque en las novelas de Camilla hay muchas historias transversales.

La mirada de los ángeles (2011) también se centra en una isla, en este caso la antigua colonia de estudiantes a la que todos nuestros protagonistas fueron de pequeños en alguna ocasión. Hace años, una familia que gestionaba allí un internado para niños desaparece sin dejar rastro. Tras ellos quedó la mesa puesta para cenar y una niña de un año, Ebba. Ahora, Ebba ha vuelto con su marido para reformar la antigua escuela y convertirla en un alojamiento turístico. Han regresado destrozados: perdieron a su hijo en un incendio y les está costando salir del agujero. Cuando llevan unas pocas noches allí, un incendio provocado casi los mata, y Patrik y sus colegas asumen la investigación. Mientras hacen la reforma, bajo aquella mesa que quedó puesta tras la desaparición, encuentran una enorme mancha de lo que parece ser sangre. Ebba quiere saber qué le sucedió a su familia, y casualmente Erica está investigando para escribir un libro sobre el extraño caso. De aquella noche no hay testigos: aparte de la familia, solo cuatro estudiantes estaban en el internado, pero habían salido a pescar y cuando llegaron se enteraron de la desaparición. O eso parece, porque como vamos a seguir las vidas de estos cuatro personajes desde el inicio de la novela sospechamos que la explicación al misterio está en ellos.

El domador de leones (2014) es un a veces interesante análisis sobre la naturaleza del mal. Erica manifiesta en varias ocasiones en diferentes novelas que ella no cree que nadie nazca malo, sino que lo que vive moldea ese mal, pero en este caso, aunque nunca se nos dice claramente que la niña fuese mala, las pistas sí lo indican. La niña es la hija de Laila, una mujer que está en la cárcel desde hace años por matar a su marido y a la que Erica intenta entrevistar para su nuevo libro. Laila accede, pero no le cuenta lo que pasó aquella noche terrible en la que la policía encontró a su marido, Vladek (un antiguo domador de leones) asesinado y a su hija Louise atada con cadenas en el sótano. Su hermano pequeño también estaba en la casa, ileso. Tras el asesinato, la niña fue enviada a una casa de acogida y el niño a vivir con la abuela, la madre de Laila. La niña se hace amiga de otra chica en su casa de acogida y mueren ahogadas, o eso parece, porque encuentran sus ropas pero no los cuerpos. En cuanto al niño, Leo, también parece haber muerto, igual que su abuela. Pero nada es lo que parece. Esta es la trama del pasado, típica de las novelas de Camilla; en la del presente, una adolescente que lleva meses desaparecida, Victoria, aparece de repente en un sendero por el que cabalga Marta, la dueña de una hípica cercana, pero muerte tras ser atropellada por un coche que no puede frenar. Victoria aparece sin ojos, sin lengua y con el tímpano perforado. Han desaparecido más chicas como ella en diferentes puntos de Suecia, así que los policía se reúnen, entrevistan a un experto en perfiles y deciden centrarse en el único caso diferente al resto: todas las desaparecidas son chicas muy responsables, formales, pero una de ellas tiene un entorno familiar jodido y lleva años metiéndose en líos. Tampoco es lo que parece… De hecho, esa adolescente no ha sido secuestrada y volverá a casa al final de la novela, pero las otras sí que pertenecen a la trama, que es muy truculenta. En resumen: Marta está casada con Peter, veterinario, tienen una hija, Molly, de la que Marta pasa bastante. Marta y Peter, según se ve en varias descripciones pasadas, se enamoraron nada más verse y supieron que eran iguales. Igual de tarados, sí. El padre de Peter es un maltratador trastornado que ha tratado como basura a su mujer toda la vida y, en sus ratos libres, secuestraba chavalas para torturarlas. Cuando Peter creció lo metió con él en esa mierda y Peter lleva una doble vida. Cuando conoce a Marta se encuentra a su igual, y comparten amor y crímenes tan contentos. Pero Erica no va a parar hasta encontrar un hilo del que tirar, y tampoco Patrik, y al final descubren que Marta es Louise, que Leo no ha muerto, sino que vive en España con la hermana de Laila (las dos fingen odiarse para que Louise no sospeche nada) y Laila sabe que quien está secuestrando a las niñas es su hija, porque empieza a recibir en la cárcel unas postales con recortes de los casos. Al final se sincera con Erika, descubren que Marta es Louise, se lía parda y parece que todo se ha acabado… aunque la narradora nos deja con un final misterioso, en el que se asegura que el mal no ha desaparecido. ¿Será el crío? A saber. Esta novela es demasiado enrevesada, usa demasiados trucos y no es de las que más me han gustado.

La bruja (2017), en cambio, me gustó bastante más. El pasado en la trama es remoto: la historia de una pobre chavala que, tras enviudar, tiene que irse a vivir con su hermana y su marido, un pastor, hasta que se la lían y terminan matándola por bruja: antes de morir, maldice a todos los descendientes de su hermana y su marido, por asquerosos. En el presente, esos descendientes lo van a pagar caro, sin duda. El caso que ocupa a Patrik y su equipo es el de la desaparición de una niña en una casa de turbia historia: hace décadas, desapareció la niña de la casa, Stella, y apareció muerta. Cuando desaparece la nueva inquilina todos se temen lo peor… y la niña aparece muerta, aunque no de la misma manera que Stella, de cuya muerte se acusaron dos adolescentes que la habían cuidado esa tarde, Helen y Marie. Helen se quedó en el pueblo, se casó, forzada por su padre, con su mejor amigo, un vejestorio, y tienen un crío, Sam, un adolescente subyugado por el trastornado de su padre, militar, y la inútil de su madre, que se presta a todo lo que él ordena. Marie ha tenido una vida mejor: se ha convertido en una famosa actriz y llega al pueblo para rodar una película sobre Ingrid Bergman con su hija, Jessie, a la que no hace ni caso. Jessie y Sam se enamoran y, tras un terrible incidente en el que los adolescentes acosadores típicos la emborrachan, la pintan entera y luego dejan que uno de ellos la viole, deciden vengarse. Esta parte es interesante por el análisis que hace de los tiroteos de adolescentes, presentando a los verdugos también como víctimas a quienes nadie ayudó. Aunque Helen y Marie se retractaron de su declaración inicial, nadie las creó, pero evitaron la cárcel por ser menores. Helen se quedó con sus padres, pero Marie entró en el sistema de acogidas hasta que, a los 18, tras ser violada por su padre de acogida todos esos años, se largó. Al final, Helen sí que había atacado a Stella lanzándole una piedra cuando amenazó con chivarse de que ella y Marie habían ido a nadar al lago (su familia no le dejaba verla, pero ellas estaban enamoradas), pero no la mató. Quien lo hizo fue su marido, que vio una oportunidad de oro para salvar su relación amorosa con su padre y tenerla siempre en sus manos. La muerte de la niña del presente fue un accidente y lo ha causado su hijo, a quien ella ayudará a dejar el cadáver en la laguna, tratando de protegerlo. Enrevesado, sí, como todo lo de Camilla, pero con muchos análisis interesantes entre líneas. Ah, Melberg lleva varias novelas enamorado de Rita, una chilena cuya hija es Paula, la compañera de Patrik en la comisaría, y en esta novela tendrá que enfrentarse a sus propios prejuicios cuando las masas acusan del crimen de la niña a los refugiados sirios que están en la zona. Aunque muchos suecos quieren ayudarlos, los hay que los odian, y este análisis de la xenofobia es también muy relevante.

El nido del cuco (2022) es la que menos me ha gustado de todas: es ya una vuelta de tuerca tremenda, con una hija que ve cómo asesinan a su padre, transexual, y dedica toda su vida a planear su venganza, matando a su marido y los hijos que tuvo con su mujer, fallecida (a la que también se carga ella para poder casarse con él), y dejando sin Nobel al padre, aunque resulta que luego descubre que la verdadera asesina fue la mujer del fallido premio Nobel. Por supuesto, la chica es colega de Erica, que no da crédito cuando descubre la verdad. Creo que, por muy de feminista que vaya ahora, Camilla no es una mujer feminista: se ha sumado a la ola y sí que hay muchos análisis interesantes sobre ello en sus novelas, como la carga mental de las mujeres o el deseo de ser algo más que madre, pero sus personajes femeninos suelen ser malvadísimos y con poca similitud con la realidad que vivimos las mujeres. Vale, intenta «justificar» que están taradas con infancias llenas de abusos o cosas similares, pero no, Camilla, lo siento, en el mundo real no hay una asesina despiadada en cada dos crímenes, de hecho el porcentaje es mínimo en comparación con los hombres.

Y así llegamos hasta la última novela hasta el momento, El llanto de los muertos, en la que los giros en la trama son demasiado. Lo siento, Camilla, pero esa cadena de acontecimientos que termina con la vida de la pobre Sofía es demasiado. La trama se centra en una joven desaparecida hace 30 años y que aparece al exhumar un cadáver (la mujer del muerto va a comisaría a confesar que lo mató porque era un desgraciado maltratador). Sofía era algo mayor que Erica, que está de baja maternal tras nacer su Nora, que tiene síndrome de Down, hace dos meses. Patrick se va a coger la baja cuando la peque tenga seis meses, así que Erica tiene tiempo de fisgonear en el caso mientras él investiga. Sofía tenía dos grandes amigas, Ellen y Magdalena, que ahora son casi dos desconocidas, ya que su desaparición desbarató todo: Magdalena rompió su noviazgo con el amor de su vida y Ellen se fue y ha vuelto hace poco. Se casó hace años con el hermanastro de Sofía, George, que es un trastornado, y tienen dos hijos. El padre de George y su mujer, Yvonne, la madre de Sofía, han ayudado a George, que es cocinero, a montar un restaurante de lujo en el pueblo, y el hallazgo del cadáver de Sofía va a complicar mucho las cosas. Ellen trabaja en una residencia de ancianos en la que vive su madre, que tiene demencia pero que empieza a recordar cosas de la noche en la que murió Sofía y a quién vio enterrándola en aquella tumba abierta. Hasta tres veces se equivocan con quién es el asesino de Sofía y dos en el caso de la muerte de la madre de Ellen. Por si no nos llegaba el mareo, esta vez la trama queda abiertísima hacia la siguiente novela: el pedante pero entrañable Mellberg, que ha decidido jubilarse para mudarse a España con su amada Rita, aparece asesinado y a la vez desaparece uno de los gemelos de Patrick y Erica, secuestrado del cole. Vale, sé que me leeré la siguiente novela para ver qué coño pasa, pero esto es peor que un culebrón turco, francamente.

Novelas de la serie:

  1. La princesa de hielo (2002).
  2. Los gritos del pasado (2004).
  3. Las hijas del frío (2005).
  4. Crimen en directo (2006).
  5. Las huellas imborrables (2007).
  6. La sombra de la sirena (2008).
  7. Los vigilantes del faro (2009).
  8. La mirada de los ángeles (2011).
  9. El domador de leones (2014).
  10. La bruja (2017). 
  11. El nido del cuco (2022).
  12. El llanto de los muertos (2026).

Nota: 6/10.

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