Buf. Si 1793 me pareció despiadada, 1794 es aún más dura. La sordidez de la Suecia de finales del XVIII no se limita en esta segunda parte a las sucias calles de Estocolmo, y nos llevan en la primera parte de la novela hasta una pequeña colonia sueca, la isla de San Bartolomé, donde la fuente de riqueza es el tráfico de esclavos. Y sí, quizá Erik Tres Rosas -el segundo y aparentemente inútil hijo de un noble, que termina allí con su primo para ver si espabila y se olvida de su amor por Linnea Charlotta, una joven campesina- se horroriza al descubrirlo. Pero no hace absolutamente nada. Nada, excepto escuchar a un extraño compatriota, Tycho Ceton, que asegura estar en contra de la esclavitud y dejarse guiar por él. Así, cuando su primo desaparece, dejando solo una escueta carta de despedida, no se preocupa, porque ese extraño nuevo amigo le asegura que su primo se ha ido a La Española a luchar contra la esclavitud. Y cuando decide acompañarlo en su regreso a Suecia al enterarse de la muerte de su padre, destrozado por el previo fallecimiento de su hermano mayor, el favorito, tampoco se extraña. Se deja llevar. Solo desea ver a su amada y desposarla.
Erik ha vivido un par de veces un extraño suceso: cuando se enfurece, se pone muy violento, y cuando vuelve en sí no recuerda nada. Su noche de bodas se despierta y ve a su amada violentamente asesinada; su nuevo mentor le explica que él ha sido el responsable y lo ingresa en un hospital especializado en enfermos mentales, peligrosamente próximo al manicomio…
Aquí entra en escena nuestro brutote Mickel Cardell, que, fallecido Cecil, vuelve a estar en el arroyo. Al menos, hasta que aparece la madre de la fallecida novia y le pide que investigue su muerte, ya que le han dicho que la atacó una manada de lobos y ella no se lo cree. Y aparece también en escena el hermano de Cecil, Emil, que ha llegado a Estocolmo para solucionar los asuntos legales tras la muerte del inteligente investigador. Como quien no quiere la cosa, Cardell enreda a Emil en su investigación, pero pronto queda claro que el parecido entre ambos es, básicamente, físico. Emil tiene sus propios problemas, y Mickel no tardará en darse cuenta.
También vuelve a la palestra Anna Stina, que ha tenido que dejar su nueva vida, la que se merecía, tras aparecer la verdadera hija del tabernero y despojarla de todo. Embarazada de gemelos, su futuro es negro, muy negro, y ver cómo intenta salir adelante es desgarrador.
Además de la interesante trama de investigación en busca del asesino de la mujer de Erik, el autor vuelve a llevarnos, entre el horror y el desprecio, a visitar a lo más infecto de la humanidad, recorriendo una sociedad podrida, destrozada por las desigualdades y el embrutecimiento. Nos hace entrar hasta el fondo de esa podredumbre y mascarla a la fuerza.
Cuando, sin darse cuenta apenas, Emil y Cardell desatan el infierno, es tarde para apartar los ojos: estamos hasta el cuello.
Novelas de la Trilogía de Estocolmo:


