«Insomnia» (1994). Stephen King.

«Insomnia» (1994). Stephen King.

Ralph Roberts es uno de mis personajes favoritos de King. Pese a las diferencias evidentes, me parece una versión de Roland, el pistolero de La Torre Oscura, aunque Ralph es su mejor yo: es un héroe, sí, pero con un corazón mucho mayor que el de Roland.

Con casi 70 años, tras perder a su querida esposa, Ralph empieza a sufrir insomnio. No un insomnio normal: cada día duerme un poco menos, y, pese a probar todos los remedios y milagros que le recomiendan, nada funciona.

Roberts vive en Derry, un pueblo ficticio de Maine que aparece varias veces en las obras de King, y al que en casi todas se le atribuye ser un lugar donde se concentran poderosas fuerzas. En esta novela, desde luego, lo son.

Ralph tiene una vida tranquila, con buenas relaciones con varios de sus vecinos, como Lois, también viuda, Bill, que vive en el bajo de su casa (él en el primero), y con Ed y Helen, que tienen una preciosa niña, Nat. Justo el día que su mujer va a empeorar -tendrá que ser ingresada en el hospital, donde morirá-, Ralph, que ha salido a dar un paseo unas horas antes, ve a Ed, al que considera un tipo fantástico, salir como un loco con el coche desde el interior del aeropuerto y embestir a otro vehículo. Cuando se acerca, el Ed que conoce ha desaparecido: el Ed que está viendo parece otra persona. Está gritando al otro conductor violentamente, le acusa de matar bebés, de llevar los fetos en la camioneta. Habla del Rey Carmesí (¡hola, La Torre Oscura!), de centuriones… todo parece una locura. Ralph está atónito, pero logra que la cosa no llegue a las manos a duras penas. Cuando vuelve a casa, su vecino Bill ya ha llamado a la ambulancia para que se lleven a su mujer al hospital y medio olvida lo sucedido.

Los meses siguientes, ya viudo, está como en un limbo, por eso no se fija en los moratones de Helen, pero, un día, su querida amiga aparece en la calle llena de sangre, con Nat, la niña, casi cayéndose de sus brazos, en estado de shock: Ed le ha dado una paliza tremenda. Ralph va a encararse con él mientras la ambulancia se las lleva al hospital, y se da cuenta de que Ed está totalmente loco, pero ya no es ese loco del accidente de coche, agresivo y con la mente en otra parte, sino un loco calculador, frío y que da mucho miedo. Lo que ha desatado su furia asesina contra Helen es que ella ha firmado una petición para que la conocida feminista Susan Dey venga a dar una charla al Centro de la Mujer de Derry. Ese centro, además de ayudar a mujeres maltratadas y alojarlas en su secreta casa de acogida, presta servicios de salud, entre ellos el aborto. Para una española resulta complicado entender las violentísimas luchas entre provida y defensoras de la libertad reproductiva de las mujeres que se vive en Norteamérica, pero esta novela las describe muy bien, y, aunque hay algún tufillo not all men, le perdonamos, señor King, porque al final deja usted bastante claro quiénes eran los malos malísimos.

Mientras los habitantes de Derry se enfrentan ante la inminente conferencia de Susan Day, Ralph tiene sus propios problemas: a causa del insomnio, cree, de repente empieza a ver auras en las personas, con diferentes colores que indican su estado de ánimo y también de salud, y, sobre su cabeza, un cordón como el de un globo. También empieza a ver médicos calvos y bajitos (de los que Ed habló ese infausto día del accidente de coche), y se da cuenta de que hay dos que parecen majos y uno que es muy chungo. Si leéis la novela descubriréis quiénes son, qué hacen y qué pinta Ralph metido en todo esto con su amiga Lois, que sufre las mismas alucinaciones, aunque todos sabemos que no lo son.

En Insomnia, King hace mucho más que escribir una obra de terror: nos habla de la soledad de la vejez, de las mujeres que huyen de hombres que las maltratan y critica duramente las laxas leyes de EEUU sobre violencia doméstica (allí no existe la denominación de violencia de género o violencia machista). Es, quizá, una de sus novelas con más carga social.

Es también su novela más relacionada con La Torre Oscura de todas, y eso que en la mayoría hay referencias a su obra más ambiciosa, pero en esta son abrumadoras. Descubrimos que hay diferentes cuándos, aunque aquí no se llamen así, y lo más importante es que absolutamente todo lo que sucede en Insomnia está relacionado con un niño, Patrick Danville, que nos encontraremos siendo ya un joven adulto en La Torre Oscura, y sin cuyos dibujos prodigiosos Roland nunca hubiese podido enfrentarse en el épico final al Rey Carmesí. Que Pat siga vivo es importantísimo, y, como esta novela se escribió una década antes del final de las aventuras de Roland… nos queda bastante claro que en la mente de King todo se articula alrededor de esa famosa torre. Tremendo.

Nota: 8/10.

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